
¿Vamos? El sábado pasado, nos levantamos a las 4,00 de la madrugada, camino del autobús que nos llevaría a Madrid nos encontramos a muchos todavía de juerga, probablemente ni se habían enterado de que esa mañana había una marcha contra los recortes convocada por la cumbre social, formada por sindicatos, asociaciones y grupos de afectados por los tijeretazos del Gobierno.
Yo no pertenezco a ningún sindicato, no soy funcionaria, con la seguridad social tengo la menor relación posible es más, normalmente, si necesito un analgésico voy y lo compro sin pasar por el consultorio a por la receta; afortunadamente no tengo ningún problema de dependencia -todavía-, tampoco tengo hijos, así que los recortes en educación tampoco deberían afectarme, pero tenía que ir.
Tenía que ir por los cinco millones de parados, por los dependientes, por las injusticias sociales en materia sanitaria, por los críos de este país que son nuestro futuro y se merecen una educación en condiciones.
Tenía que ir porque no es suficiente quejarnos en las tertulias del café, ni lamentarnos frente a la tele de nuestra casa, porque hay que salir a la calle y hacernos oír.
Desde luego no estábamos 65.000 como dijo la Delegada del Gobierno de Madrid, así nos va poniendo gente tan tonta a gobernar que no sabe ni contar, estábamos muchos, muchos más. Había representación de los sindicatos, de la educación, de los bomberos, del SAMUR, funcionarios, policías y guardias civiles, sanidad, servicios sociales.... procedentes de todos los rincones del país.
Había muchos pero faltaban muchos... porque si los cinco millones de parados hubiesen estado allí, no hubiesen tenido el cuajo de decir que éramos cuatro gatos, si a todos los que en algo les está afectando hubiesen estado allí, Madrid se nos hubiese quedado pequeño.
Mi indignación iba en aumento, indignada con el Gobierno e indignada con quienes no son capaces de hacer nada para que se vea su malestar.
Pero la cosa no acabó ahí.
Por un cúmulo de circunstancias me vi llevando la pancarta que encabezaba el grupo de Aragón, -probablemente alguno me habrá visto en las fotos que salieron en los periódicos regionales-. A nuestro alrededor se fueron incorporando los líderes sindicales y políticos autonómicos -de la oposición, se entiende- que habían acudido al evento, sobre todo para salir en la foto, porque ese fue su máximo interés.
Aparte del comportamiento de algunos con sus propios correligionarios, que más parecía de un dictadorzuelo de república bananera, me encontré con los que no habían cumplido el pacto al que habían llegado previamente y aparecieron flanqueados por las banderas de sus grupos, y los pijos que se pasaron el rato intentando colgar un twit para comentar su asistencia, -por cierto les fue imposible porque en Madrid estaba caída la señal de 3G-.
A estos los hubiera echado a todos.
¡Vamos!, era el lema de la marcha, ¿vamos? ¿a dónde vamos? Entre los políticos que gobiernan, los que se oponen, los parados y sus "defensores", acabé más convencida que a este país no hay quien lo levante y que a donde vamos es a la ruina, por no decir otra cosa.
Menos mal que llegaron los bomberos y nos alegraron la mañana, ¡¡qué penica!!
