Opiniones

Cristina Andrés

La sociedad de la in-formación

Decir que en la actualidad hay falta de información parece una barbaridad, porque hay tanta que nos sentimos incapaces de asimilarla toda, vivimos rodeados de ella, abrumados por datos y conceptos desconocidos hasta hace apenas unos años. A prensa, radio y televisión se les unió internet, para disgusto de vendedores de enciclopedias. La red de redes donde se puede encontrar todo de casi todo y casi todo de todo.

Además están los "todólogos", para rellenar los huecos que nos hayan dejado los demás medios de comunicación, que lo mismo nos hablan de la "prima de riesgo" con una familiaridad que, de verdad, parece de la familia, de la conveniencia de las centrales nucleares o de la hija del vecino del cuarto que se ha liado con uno que le vendió trescientas ovejas al pastor de Andorra, todo ello sin despeinarse y sin preocuparse o no de nuestro interés por el asunto.

A esta saturación hay que quitarle la paja, las cortinas de humo y la morralla, y preguntarnos qué es lo que entendemos, si somos capaces de analizar cómo nos están queriendo manipular, en qué insisten hasta el hartazgo y sobre qué asuntos pasan de puntillas o directamente no se comentan; en qué nos afecta en nuestra vida, en nuestro trabajo en nuestras relaciones, qué es importante y qué, no.

Pero para llegar al análisis, a la asimilación y al conocimiento de la información lo que de verdad necesitamos es formación. Necesitamos la capacidad de cuestionarnos los datos, de contrastarlos, de criticarlos y eso sólo se consigue con el adiestramiento de nuestra curiosidad, del interés por ir más allá de lo que nos dicen de averiguar lo que no nos dicen, de pensar por nuestra cuenta.

Si consentimos que se regatee con la educación estamos permitiendo que se limite la capacidad de análisis, de crítica y de comprensión de la información que no nos servirá de nada si no hacemos de la nuestra, la sociedad de la formación.

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