Opiniones

Cristina Andrés. De Alcañiz

Hace unos días me escribió Violeta preguntándome si me gustaría colaborar con mis opiniones en Bajo Aragón Digital, le dije, sí, ¿pero de qué quieres que hable si llevo casi treinta años fuera del pueblo? me contestó que de lo que quisiera, de mis recuerdos de Alcañiz, de lo que añoro del pueblo, de su gente, etc.
A ella la conocí en la facultad, una compañera me dijo, esa chica también es de Alcañiz. Así que fui a saludarle y le pregunté ¿de quién eres hija? porque dada la diferencia de edad era más fácil que les conociese a ellos, ella me dijo mi padre es  José Alberto Pellicer. No caigo, -le dije-. Violeta me dijo, "Chabeto", y ahí, ya, así, sí... y es que es así como nos reconocemos entre nosotros, por los motes, las familias y las casas, como a mis hermanas y a mí nos conocerán siempre por las hijas de la Llanitos. Es una de tantas cosas del pueblo que se echan de menos.
El ser de Alcañiz, es algo que nos une, sobre todo cuando estamos fuera, más que un lugar de origen es algo que marca carácter.
Hace ya tiempo, en Barcelona, el maître de un restaurante donde asistía a una boda me preguntó ¿de dónde eres? De Alcañiz,-le respondí. Se echó a reír y me dijo "pero mira que sois chulos y fanfarrones los de tu pueblo. Yo soy de Calatayud y cuando me preguntan de dónde soy, contestó que maño, aragonés, de Zaragoza... pero todos los alcañizanos que he conocido siempre contestáis lo mismo: de Alcañiz, como si todo el mundo tuviera que saber donde está". ¡Ah! ¿que no lo saben? le respondí.

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