Opiniones

Cristina de Tena

En las discusiones más absurdas, contra completos desconocidos, se nos ofrece la posibilidad de hallar la comprensión a nuestros problemas reales, provocados por nuestros egos falsos, aquellos que nos hacen sentir por encima del otro sin permitirnos sentir parte de él…sin darnos cuenta que es el mismo ego. En ese momento somos espejos, lo de uno es lo del otro y a la inversa, si lo veo en ti lo veo en mi y la propia incapacidad de aceptación de lo mío me obliga a rechazar lo tuyo, criticando lo mío en ti.
En estos días, la personita que llevo dentro, está experimentando la compasión…y para ello le ha tocado vivir también la ira…y lo que más le ha costado entender es que para acceder a su compasión ha de pasar primero por su ira, esa ira que lleva tanto tiempo oculta por el mismo miedo a que la vean; aquella que todo el mundo ha intentado aplacar con la semilla del chantaje emocional, la misma que se ha refugiado tras el ego de la parte más sencilla del ser en forma de culpabilidad ayudando a reprimir así aún más la expresión del no ser.
Y es a su vez curioso cómo con las amistades cuesta tanto darse cuenta de estos patrones de conducta, quizá ocultos tras las emociones, los apegos… esto me obliga a reflexionar sobre las dependencias emocionales que tenemos unos con otros, dentro de las representaciones de nosotros mismos y de nuestro entorno que además  compartimos con el resto…del ego que sigue ahí presente; no queremos asumirlo en el otro, siempre excusándolo, así conseguimos esquivarlo en nosotros mismos,  nuestro propio ego compartido...y me pregunto si la única solución es la compasión…pues a mi ego le encanta enturbiarme la cabeza con dudas, así le es más fácil quitarme el control de mi misma…asumirlo por mi mientras  me rebano los sesos en busca de información, de respuestas a mi pregunta. Así funciona el ego mientras le permites estar, actúa por ti.

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