
El primer día del resto de tu vida
Todo el mundo sabe que el primer día del resto de tu vida, empieza en septiembre, cuando empieza el curso escolar, y todo el mundo vuelve al trabajo, incluso los políticos. Los primeros días casi siempre son prometedores, haces amigos nuevos, estrenas libros, aprendes algo nuevo... Hay quien se enamora desde el primer día, y quien se odia desde el primer día, como hay quien tiene el cuaderno impecable y quien desde el primer día tiene el cuaderno que parece que lo haya arrasado una manada de elefantes.
Mi primer día de guardería fue bastante desastroso, me resbalé por unas escaleras y tuve que llevar un pañuelo en la nariz toda la mañana porque no paraba de sangrar. Así que nos saltamos el primer día de guardería que no tuvo mucho de interesante y pasamos al primer día de colegio.
El primer día de colegio te sientes mayor, llevas tu mochila, tus libros llenos de letras. Tienes tu sacapuntas, tu lápiz, tu goma, vamos, que tienes el mundo más controlado que un ejecutivo de Wall Street. Te sientas en tu pupitre, y empiezas a tirarles papelitos a los que se sientan delante, mientras la profesora habla o escribe algo en la pizarra. La cosa se pone más emocionante cuando llega la hora del recreo. Allí estaba yo en medio del inmenso patio, cuando vi al niño más guapo del colegio jugando a las canicas. El mundo se detuvo durante un tiempo indeterminado. Hasta que de pronto, un balonazo de fútbol me dio en toda la cara. Alguien me recogió del suelo, y otra vez acabé toda la mañana con la nariz sangrando.
Después del colegio, el tiempo pasa muy deprisa, un día te encuentras de vuelta en el colegio, pero esta vez resulta que eres la profesora. “Hola, soy vuestra profesora y me llamo Dafne”, y escribes “Dafne” en la pizarra. El primer día como profesora estás bastante nerviosa, pero como los niños también están muy descolocados y preocupados por cómo tirar papelitos puedes pedir lo que quieras. “A ver voy a daros la lista de materiales de la asignatura. Necesitáis: bolígrafos, cuaderno, lápices de colores, un compás, un unicornio, una goma...” Y ves a los niños escribiendo “Un unicornio”. Alguien levanta la mano. “Profe, ¿dónde podemos comprar el unicornio?” Y contestas: “Pues en la sección de animales mágicos de la papelería, ¿dónde si no?” “Hombre, profe, ¡en los chinos siempre tienen todo más barato!, es que ¡tú también pedirnos un unicornio de papelería! Como profesora sabes que las primeras impresiones cuentan, así que te mantienes fría y distante. “Mañana todo el mundo aquí con su unicornio”. Y así, triunfal, voy a salir de la clase con la cabeza bien alta, cuando alguien abre la puerta desde fuera, y una vez más, acabo con la nariz aplastada sonriendo a toda la clase.
