
Azul es el color de los días de verano

Sentado al sol de la mañana
Estaré sentado cuando llegue la tarde
Mirando girar los barcos
Y mirándolos alejarse de nuevo
Otis Redding Sitting on the dock of the bay
Hay veranos que son ligeros, en los que parece que te zambulles en un lugar fresquito en el que puedes flotar a tus anchas, otros son densos y lentos, y algunos hasta te desgarran el corazón. Están los veranos de poner el vinilo en el tocadiscos, los veranos de ir con la cámara de fotos a todas partes, los veranos de pintar las paredes, de cambiar de color, cambiar de peinado. Los veranos a la orilla del mar, los de contemplar las noches estrelladas, los de pasear sin parar. Los amores de verano y los veranos sin amores. Las canciones más románticas y las más amargas son canciones de verano.
A veces los veranos se convierten en pequeños recuerdos de momentos, como instantáneas que se guardan en un lugar especial de la memoria. El sabor del agua salada, las pepitas de las sandías, los colores brillantes del atardecer. Y como estos recuerdos, cada verano, es único.
