
El banco de la felicidad

El cielo nublado de un lunes de noviembre cualquiera. Voy caminando por la calle, mientras veo la gente pasar ocupada, unos llevan a los niños al colegio, otros hablan por el móvil, o van al trabajo. He hecho todo lo posible por evitarlo, pero finalmente no me quedaba otra, que ir al banco a pagar un maldito recibo.
Parece un día normal, un banco normal, pero cuando entro, algo me incomoda. No hay nadie, solamente yo, y un pequeño hombre detrás del mostrador. ¡Qué extraño! La última vez que quise venir me encontré con una cola eterna. Me acerco al mostrador. El hombrecillo no me suena de nada. Cuanto más me acerco, más pequeño parece. Me sorprende que todo él es gris, no sólo la camisa o la americana, sino la piel, el pelo, los ojos, los labios. “Buenos días” Me saluda. “Hola, quería pagar este recibo.” Le enseño un pequeño papel arrugado que contiene el recibo.“¿Tiene cuenta con nosotros?” Sí” Contesto. “Me puede dejar su DNI” Mira el ordenador. Le entrego el DNI y lo teclea rápidamente en la pantalla. Repite mi nombre varias veces como ensimismado, mirando la pantalla absorto. Y de repente se gira hacia mí. “Oiga, tenemos unos productos que acaban de salir ahora que son una gran oportunidad, seguramente le interesen. En un momento se los puedo mostrar.” “Emmm, sí pero, ¿el recibo? Yo venía a pagar el recibo.” “Eso lo solucionamos en un momento. Mire, sígame, en aquella habitación del fondo le puedo mostrar en qué consisten los nuevos productos que estamos ofreciendo.” Señala hacia el fondo de la sala, no sé si no estaba antes, o nunca me había fijado, pero un largo pasillo de baldosas de colores se extiende hacía el fondo donde una pequeña puerta dorada resplandece.
El pequeño hombre gris me hace un gesto y abandona el mostrador, “Sígame” Avanzo tras él a través del pasillo de baldosas de colores, hasta la puerta dorada. Entonces el pequeño banquero marca un código, la puerta se abre y entramos en una pequeña habitación cuadrada, completamente vacía.. Entonces el pequeño hombrecillo saca un mando a distancia de su bolsillo. Aprieta un botón, y en la pared de enfrente aparece un mar azul.”Querido cliente, gracias por confiar en nosotros.” Una voz grave nos habla desde lo que parece un vídeo. “Hoy, nuestro banco quiere mostrar su gratitud hacia usted ofreciéndole nuestra serie de productos estrella, las últimas tecnologías del bienestar emocional.” “Tome asiento.”
El hombrecillo me indica un sillón negro que acaba de aparecer del suelo. Me siento en el sillón y la voz continúa. “Comencemos con los productos más sencillos.” En la pantalla comienzan a aparecer imágenes de grupos de jóvenes divirtiéndose; Corriendo en una playa, jugando en una piscina, bailando en una fiesta. “El primer producto que vamos a mostrarle, pertenece a lo que hemos llamado los emoproductos estrella. Son productos de alta tecnología que tienen un impacto en la vida emocional de nuestros clientes. Depositando todos sus ahorros en nuestro banco durante los próximos 10 años, le ofrecemos lo que hemos llamado el Móvil de la amistad.” Aparecen en pantalla imágenes de jóvenes hablando a través de un smartphone. “Parece un móvil cualquiera, pero no lo es. El emomóvil, o sencillamente EMO ha sido creado por los mejores expertos internacionales y presenta la novedad de que el móvil por sí mismo es capaz de atraer la amistad. Esto funciona gracias a la aparición en el mercado de los emochips, que son microchips capaces de conectar con las emociones de las personas. De esta forma, el teléfono atrae las emociones positivas y hace que la gente que está contenta desee instintivamente llamarte.” En pantalla vuelve a aparecer el mar anterior. Tras un segundo de silencio, la voz continúa. “Nuestro siguiente producto puede estar a su alcance con sólo depositar todos sus ahorros en nuestro banco durante 20 años. Sin duda la salud es una de las cosas más importantes en la vida, por no decir la más importante. Como nos importa tanto el bienestar de nuestros clientes, les ofrecemos la Máquina de la salud. Brillantes expertos han desarrollado esta máquina de gravedad -1 .” En la imagen aparece una especie de cápsula espacial y un joven musculado que se mete en la cápsula sonriente. “ Con sólo permanecer media hora diaria en la cápsula, ésta, tiene la capacidad de tonificar y eliminar las toxinas y excesos del organismo, previniendo así la aparición de múltiples enfermedades. Nuestros expertos han determinado que la máquina de la salud puede prolongar hasta un 15% la esperanza de vida de sus usuarios.” El mar vuelve a aparecer en pantalla. Un segundo de silencio. “Y ya para terminar. Le presentamos nuestro producto más codiciado. La pastilla de la felicidad.” En pantalla vuelven a aparecer los jóvenes festivos del principio. La cámara se acerca a una de las chicas, mientras ésta traga una pastilla y bebe un poco de agua. “Tras años de experimentos en busca de la química de la felicidad. Finalmente la ciencia ha logrado resolver el enigma que escondía la psique humana. La pastilla de la felicidad, contiene una serie de emochips microcelulares que pasan a instalarse en el cerebro de la persona, de forma que aportan la química necesaria para que ésta se sienta siempre feliz. Para usted querido cliente le ofrecemos este maravilloso producto que cambiará su vida. Tan sólo tiene que depositar todos sus ahorros de forma vitalicia y encontrará la felicidad que siempre ha buscado.” Aparece por última vez el mar que se funde despacio a través de la pared gris de la habitación. Me levanto del sillón que desaparece en el suelo y de detrás vuelve a aparecer el pequeño hombre gris.
El hombrecillo vuelve a dirigirse a mí. “Es una oportunidad muy interesante. Pero esta oferta sólo podemos ofrecerla durante este mes, así que de estar interesada, debería decírnoslo cuanto antes para hacer la reserva.” “Gracias, pero no, no estoy interesada.” Contesto. “Yo, solo quería pagar un recibo.” Con cara confundida intento salir de la habitación. “Ah sí, es verdad, el recibo.” El hombrecillo me dirige una media sonrisa. “Tranquila, enseguida lo solucionamos. Tendremos que salir al cajero automático para realizar la operación.” Así que, por fin, abandonamos la pequeña habitación y volvemos a recorrer de vuelta el pasillo de baldosas de colores. Llegamos afuera, al cajero automático. “¿Tienes la tarjeta?” Me pregunta.“Sí, aquí está.” Se la entrego. Así que, el hombrecillo gris mete la tarjeta en el cajero. En pantalla, aparece un mensaje. “Bienvenido querido cliente.” Y comienza a sonar una musiquilla chirriante. La música se va volviendo más chirriante y nos quedamos mirando a la máquina, esperando que continúe la siguiente pantalla. Entonces, una especie de viento comienza a soplar dentro de la máquina. El hombrecillo gris parece mareado. El viento empieza a soplar más y más y nos arrastra al hombrecillo y a mí hacia la máquina. De repente, se abre un remolino en la pantalla, y en menos de un segundo, succiona al hombrecillo gris. El hombrecillo grita desde el interior del remolino, y luego, desde el interior de la pantalla. “¡Ayúdeme! ¡Sáqueme de aquí!” Empiezo a gritar. “¡Socorro, socorro!” Pero nadie aparece en nuestra ayuda.” El hombrecillo me grita desde la pantalla. “¡Pruebe a apretar Cancelar!¡Apriete Cancelar!” Así que le doy al botón rojo que dice: Cancelar, y la pantalla se vuelve negra. Aparece un cartelito en el medio de la pantalla: “Gracias por confiar en nosotros. Puede recoger su tarjeta.” A través de la ranura sale mi tarjeta de la máquina. Me quedo mirando la máquina sin saber qué hacer. Tardo unos segundos en reaccionar, pero finalmente, recojo la tarjeta y salgo corriendo del banco. En la calle, un lunes de noviembre cualquiera continúa. Veo gente pasar ocupada, unos hablan por el móvil, otros van a hacer alguna compra. Todo parece normal. Un lunes normal. Una calle normal.
Imagen de Alex Gross
