Opiniones

Dafne Fortea

Cómo convertir a un sapo en príncipe o viceversa

Como cada año, recibí por correo la invitación al encuentro de la Asociación Bajoraragonesa de Brujas Novatas. Un sobre curiosamente cuadrado, con una tarjeta dentro. “ Este año el Encuentro de Brujas Novatas del Bajo Aragón que se celebra tradicionalmente la noche de Halloween, propone la realización de un taller de brujería, a cargo de la afamada hechicera Malunalaka. El tema del taller es: “Cómo convertir a un sapo en príncipe o viceversa.”
Sin duda parecía interesante, continué leyendo: “ Precio de la inscripción: 15 euros. La matrícula incluye diversos materiales, incluidos sapos y pócimas. Traer barita mágica. Parking gratuito de escobas y aspiradoras en la azotea del edificio”.

Me puse inmediatamente a buscar la barita mágica por todos los rincones del armario, y finalmente, la encontré aplastada bajo unos patines en línea. La intenté enderezar como pude, pero continuaba teniendo un aspecto encorvado. ¡Ah!, ¿y la escoba?, ¿dónde habría puesto la escoba voladora?, me preguntaba. Quizás alguien la había confundido con una escoba normal y se la había llevado para barrer. Busqué por todas partes, pero, ni rastro de ella.

Por fin llega la esperada noche de Halloween, y llego andando al encuentro en el Liceo, de la Calle Mayor. Me indican que el taller se realiza en una sala del segundo piso. Subo, y, dentro de la sala, encuentro una treintena de mujeres de diversas edades.  La sala es una especie de laboratorio antiguo de ciencias, con filas de mesas, probetas en cada mesa, llenas de líquidos de colores. Veo una chica rubia de pelo largo sentada en la última fila, y ocupo el sitio al lado de ella. Me dice que se llama Azul.

Encima de la tarima, aparece la hechicera que imparte el taller. Una extraña mujer regordeta de baja estatura, que viste una especie de túnica africana de colores vivos. Empieza a hablar, pero las mujeres siguen chismorreando sin hacer ni caso. Yo, mientras, voy descubriendo los líquidos que contienen las probetas de mi mesa. Descubro un líquido verde que huele a huevos podridos. ¡Ahhh!

Saco la barita del bolso que continua medio torcida. Entonces, la hechicera, Malunalaka, empieza a explicar que debido a los recortes, no ha habido dinero para comprar sapos, que resultan muy caros, y que finalmente vamos a realizar el taller con siluros, que resultan más baratos. Entonces, unas mujeres de la primera fila, empiezan a quejarse. Se forma un pequeño alboroto, pero acaban por tranquilizarse, al tiempo que alguien empieza a repartir los siluros, uno a cada una de las asistentes.

Entones, Malunalaka, da unas indicaciones que no entiendo, mientras veo que las mujeres de las primeras filas empiezan a derramar el líquido verde de olor fétido encima de los siluros. Una mujer en la segunda fila, ha traído a su marido, y pregunta si puede utilizar el taller para convertirlo en sapo, a lo que Malunalaka contesta que sin ningún problema, simplemente tiene que recitar las palabras mágicas del conjuro al revés.

Así que echamos el líquido verde sobre los siluros, y los siluros empiezan a moverse y a cambiar de color. Como hay que esperar cinco minutos a que la pócima surta efecto, Malunalaka, nos da permiso para hacer un pequeño descanso. Algunas brujas se van a por un café a la máquina, mientras otras nos quedamos viendo como los siluros se van hinchando poco a poco y van cambiando de color.

Después, cuando todas las mujeres han vuelto a su sitio, Malunalaka empieza con el conjuro del hechizo. El silencio se hace en la sala. Y la voz chirriante de la hechicera comienza a recitar: “Zusuvulumuuuudlrildmil smplilmsldimil” Las brujas apuntan con la barita a sus siluros mientras repiten las palabras mágicas. “Zuxukuluuuumnlimil, zudfuumnuuulmlnmil” Entonces, repentinamente, la barita se resbala de mi mano, y sale disparada al suelo. Me agacho y empiezo a buscarla por el suelo desesperadamente, entre las piernas de las mujeres que siguen recitando: “Zuxumuuuunlmil zulmuinlim” Encuentro la barita bajo el zapato de una de las mujeres, intento agarrarlo pero lo está pisando con tanta fuerza que no puedo sacarlo. Mientras, sigue el conjuro “Zuxulmnil Zuxumnnilmlimil” Cuando al fin, logro recuperar mi barita, levanto la cabeza, y veo mi siluro, que se hincha como un globo, parece estar a punto de explotar. Me reengancho a las palabras mágicas, y sigo recitando con todas: “Zuxuuumnnil zumuuummmillmininl” Todos los siluros de la sala están hinchados como globos y van cambiando de color al ritmo de las palabras de la hechicera. Finalmente, el conjuro acaba. La hechicera tose y bebe un poco de agua.  Un silencio frío y absoluto se hace en la sala. Los siluros permanecen hinchados como globos en las mesas.

Y entonces, de pronto, ¡pufff! Un siluro explota en la primera fila, y de dentro del pez, aparece un elegante bailarín de danza clásica. La mujer queda tan entusiasmada que empieza un largo aplauso. Poco después, ¡Pufff!, explota el marido de la mujer de la segunda fila. Aparece un pequeño sapo grisáceo. La mujer aplaude satisfecha. ¡Qué pena, el hombre parecía tan afable! Poco a poco los siluros van explotando, y de su interior van apareciendo príncipes de lo más diversos, unos altos, otros bajos, unos gordos, otros delgados... La euforia inunda la sala, y las brujas novatas no paran de reír y aplaudir, mientras van abandonando la sala en la nueva compañía de sus príncipes. ¡Pufff! Estalla el siluro de Azul, y de su interior aparece un galante chico vestido con un mono de mecánico  y una llave inglesa en la mano. Azul aplaude muy contenta, se despide, y abandona la sala con su príncipe.

Al final sólo quedamos en la sala, Malunalaka, una chica joven en la tercera fila, y yo. Entonces, ¡pufffff!, explota ruidosamente el siluro de la chica de la tercera fila, y de su interior aparece una bella princesa con una larga melena pelirroja. La chica aplaude, se saludan con un abrazo, y abandonan la sala. Malunalaka me mira con cara de circunstancias, mientras recoge sus cosas y se pone el abrigo. “Me tengo que ir, me espera mi marido. Echa un poco más de líquido verde a ver si acaba de explotar.” Así que echo un poco más de líquido verde. La hechicera desaparece por la puerta. El siluro entonces empieza a hincharse más y más y a cambiar de color más deprisa. Explota, ¡Puffff!, y entre el humo, aparece un pequeño sapo escuálido. Echo un poco más de líquido verde. Y vuelvo a repetir las palabras mágicas que recuerdo. “Zuxulmnil Zuxumnnilmlimil” El sapo se hincha. Esto no parece funcionar. ¡Puffff! Y aparece un pequeño cerdito rosado. Entonces, alguien me grita desde la puerta. “Oye, ¡vamos a cerrar ya!” Así que cojo mi cerdito rosa que parece muy simpático, la barita torcida, el abrigo, y abandono la sala.

Imagen de Nikolay Tikhomirov

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