
Mientras 300 ingenieros, técnicos, bomberos, y obreros, convertidos en héroes, luchan por contener la central nuclear de Fukushima, en una situación que sigue siendo grave, en el resto del mundo se debate el futuro de la energía nuclear.
Presidentes de distintos países, Obama, Merkel, Sarkozy, o Zapatero, movidos por el pánico ciudadano, mandan revisar la seguridad de sus centrales nucleares. La UE consensuará próximamente los criterios de seguridad a los que deberán adecuarse todos los estados miembros para garantizar que todas las centrales europeas satisfacen las normas más altas de seguridad.
La dependencia del monstruo nuclear es tan grande que pocos son los que se atreven a imaginar un futuro fuera de la energía nuclear. Sin embargo la experiencia revela que por muchos que sean los controles de seguridad los accidentes y los desastres en ocasiones son inevitables.
Me gustaría pensar que después de Fukushima, se trabajará y se investigará en nuevas soluciones para el problema energético, que todos seremos más conscientes de los daños que estamos ocasionando en el planeta, que seremos más conscientes de los riesgos que la dependencia de la energía nuclear conlleva, y que el ejemplo que los japoneses están dando con su actitud de aplomo y responsabilidad servirá para que todos seamos más solidarios y estemos dispuestos a asumir los esfuerzos necesarios para lograr el cambio hacia un futuro más sostenible.
