Opiniones

Diego Romero


Este Mundial no mola

Durante las últimas semanas me lo veía venir. Quería creer que cuando rodara el balón todo cambiaría pero no ha sido así. No hice caso a las señales que me llegaban.

Primera señal: a dos días de empezar el Mundial de Brasil nadie tenía ni idea de la canción oficial.

¿Se imaginan el Mundial de Sudáfrica hace cuatro años sin el “waka waka” de Shakira? Desconozco quién es el responsable de la campaña de comunicación de este macroevento (supongo que la FIFA) pero ya puede ir dimitiendo.

Segunda señal: si vosotros, amantes del fútbol, queréis ver todos los partidos del Mundial, ya podéis ir pagando la cuota a Gol TV, porque si no estáis jodidos. Esto ya me preocupa más que la maldita canción. Desde pequeño he visto gratis todos los partidos de los mundiales, aunque fuera en horario intempestivo. De hecho, creo que los niños y niñas del mundo se aficionan a este deporte porque cada cuatro años hay un invento cojonudo que consiste en enfrentar durante cinco semanas a 32 países para saber quién es el mejor dándole al balón con el pie. Un buen puñado de ídolos y  recuerdos de mi infancia se forjaron en los mundiales: Bergkamp, Baggio, Van Basten, el gol anulado a Míchel contra Brasil en México ´86, Maradona insultando al público en las semifinales de Italia ´90 cuando silbaban en himno argentino, o el codazo de Tassotti a Luis Enrique en EE.UU. ´94.

Este año veremos solo cada día un partido en abierto, a las 12 de la noche casi siempre. Así que ya me dirán ustedes cómo se le puede coger el pulso a este Mundial.

Tercera señal: en Brasil el pueblo está indignado, y con toda la razón, por el gasto que supone para el país organizar el Mundial. Millones que van para el fútbol en lugar de destinarlos a la educación, la sanidad o la seguridad. Uno ve las desigualdades que existen y le resulta frívolo hablar de fútbol.

Más aún cuando se conocen las primas que pueden recibir los futbolistas por hacer bien su trabajo.

Última señal: la Selección española lo va a tener complicado porque la mitad de sus jugadores están en baja forma. Confirmado en el primer partido. Nos cae una paliza contra Holanda. Casillas ya no es un superhéroe y la defensa parece de regional. Ya no hay magia ni rapidez. Miles de niños y niñas se van llorando a la cama porque nunca habían visto perder así a su equipo. Miles de bares y terrazas recaudan la mitad de lo que pensaban porque la gente no tiene ganas de juerga después de lo visto. Miles de personas pasan de comprar el periódico al día siguiente. Así es el fútbol y su influencia en nuestra economía y en nuestro estado de ánimo.

Pues eso, que este Mundial no mola. Y es una pena, porque pese a quien pese, el fútbol es pasión y en este país puede seguir haciendo feliz a millones de personas, aunque sólo sea durante un mes.

 

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