Opiniones

Diego Romero


Nuestra Semana Santa

Como cada primavera, se acerca la celebración más importante de todas las que se celebran en el Bajo Aragón a lo largo del año. La Semana Santa ubica en el mapa nacional, al menos durante unos días, a las nueve localidades que conforman la Ruta del Tambor y del Bombo, declarada ya de Interés Turístico Internacional. Nuestra Semana Santa es diferente y especial, ni mejor ni peor que las múltiples que se desarrollan en otros puntos de España. Diferente y especial porque el sonido de tambores y bombos inunda calles, plazas y rincones, convirtiéndose en el elemento unificador de todos los que participamos en ella.

Muchas veces me pregunto por qué tocamos el tambor y formamos parte de esta escenificación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en los distintos desfiles procesionales. A mi, como a la gran mayoría, no me mueve la fe ni ninguna convicción religiosa. Pero en el Bajo Aragón conviven con el máximo respeto creyentes y agnósticos al mismo tiempo. Yo toco el tambor porque mi padre me sacó a la procesión desde que pude andar y vivo la Semana Santa de mi pueblo porque lo siento como una tradición de especial significación. Aquí se toca el tambor porque sí, como afirmación de nuestro ser alcañizano y bajoaragonés. Sinceramente, me emociona ver a las familias y grupos de amigos desfilando por las calles teñidas por el azul de las túnicas. No encuentro nada que nos una tanto y nos haga sentir tanto orgullo como la tradición del tambor.

Una tradición, por otra parte, con orígenes todavía difusos y difíciles de definir. Sabemos de la existencia de cofradías y desfiles de Semana Santa desde el siglo XVII pero no podemos asegurar la participación de tambores en las procesiones antes de mediados del siglo XIX. En realidad, poco importa todo esto. La Semana Santa es una seña de identidad de la sociedad bajoaragonesa y posee unas bases lo suficientemente sólidas como para poder asegurar su continuidad en el futuro.

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