
Arte rupestre en el Parque del Río Martín
Este jueves da comienzo en Ariño el Curso de la Universidad de Verano de Teruel dedicado al Arte Rupestre. Durante tres jornadas, los amantes de esta manifestación cultural que nos legaron los primitivos habitantes de esta tierra hace más de 4000 años, tendremos la oportunidad de conocer, de la mano de varios expertos en la materia, aspectos tan importantes como los mecanismos de gestión, los criterios y estrategias de conservación y protección del Arte Rupestre al aire libre y conocer el Parque Cultural del Río Martín como ejemplo de desarrollo sostenible cuyo nexo común es el arte rupestre.
Conviene recordar que el Parque Cultural del Río Martín constituyó hace años el germen de la declaración por parte de la Unesco en 1998 del Arte rupestre del Arco Mediterráneo de la península ibérica como Patrimonio de la Humanidad. Y también conviene recordar que sirvió de modelo a los actuales Parques Culturales de Aragón, como por ejemplo el del Maestrazgo o el del Río Vero. Todo gracias a personas como Don Antonio Beltrán o José Royo, que dedicaron y dedican la mayor parte de su tiempo a dar a conocer el arte rupestre y otros recursos del río Martín, convencidos no solo de su gran valor patrimonial, sino también del papel dinamizador y de desarrollo que puede suponer para la población que habita en el medio rural. En el Parque Cultural del Río Martín se ha trabajado desde hace muchos años protegiendo adecuadamente los abrigos de arte rupestre, se han señalizado distintas rutas, se ha creado una red de centros de interpretación, se han editado decenas de publicaciones, se ha formado a guías turísticos y se han organizado y coordinado distintos cursos de formación. Les recomiendo visitar el Centro de Arte Rupestre de Ariño, quizás el mejor centro de interpretación de todo el Bajo Aragón histórico. Y ya que estamos, aprovechen para conocer algún abrigo con arte rupestre.
Me gusta reivindicar la rica historia y el patrimonio del Bajo Aragón. Soy consciente del desconocimiento que tenemos de todo aquello que nos rodea, incluso de joyas que están en nuestros propios pueblos, pero siempre tengo la esperanza de que todo esto cambie algún día.
Quizás dentro de una década, los bajoaragoneses sepamos ser buenos prescriptores del territorio y vendamos una imagen positiva de nuestros cascos antiguos, de nuestro entorno natural, de nuestra gastronomía y de nuestras tradiciones.
