Opiniones

Diego Romero


Calles y niños de ayer y hoy

Los barrios y calles de mi pueblo ya no son los barrios y calles de mi infancia. En los barrios y calles de mi infancia había niños y niñas jugando, madres llamando a sus hijos a cenar desde el balcón cuando se hacía de noche y señoras mayores sentadas al sol en sillas de madera. Capuchinos era mi barrio y era mucho barrio. En Capuchinos se jugaba hasta que el dueño del balón se iba a casa o hasta que tu orgullo te decía que no podías perder más pitones (canicas para los más jóvenes). Se jugaba hasta que tu coche de plástico tuneado con pegatinas de las Carreras llegaba a la meta de un circuito de tierra hecho con nuestros pies.

Creo que Capuchinos se creó a mediados de los 80 para hacer felices a los hijos de aquellas 100 familias que tuvieron la suerte de poder comprar un pisito de 65 metros cuadrados al otro lado del río. Allí, como en otros barrios y calles de Alcañiz de esa época, uno sentía el orgullo de formar parte de una pequeña comunidad. Ser de Capuchinos era la ostia.

Ir a otro barrio a jugar no gustaba porque eras un extraño. Pero el que venía a jugar a Capuchinos generalmente se acojonaba.

En las calles y barrios de mi infancia había pocos coches. Los coches estaban en los puestos de trabajo de nuestros padres, así que había que jugar a fútbol antes de que volvieran. Ahora la calle está llena de coches, porque muchos padres se han jubilado y sus hijos y mujeres también tienen coche pero no trabajo.

En mi infancia, cuando jugabas al escondite, podías incluso salirte del barrio. Ahora, los niños y niñas se esconden en sus casas, en sus playstation, en sus ordenadores y en sus móviles. Ahora, ninguna calle suele servir para jugar, a no ser que papi o mami estén cerca. Ahora, los niños aprenden a jugar a fútbol en escuelas y campos de hierba artificial, ya no utilizan farolas como porterías ni recogen balones tras las viejas tapias.

El pueblo de barrios y calles de mi infancia se ha convertido en una ciudad pequeña con costumbres de ciudad grande.

Qué triste.

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