Opiniones

Diego Romero


La mala educación y el fútbol base

Desde que tengo uso de razón, el fútbol ha sido una de mis pasiones, convirtiéndose en una droga dura de la que es casi imposible desengancharse. Confieso que durante algunas temporadas de mi vida he sido un enfermo de este deporte, consumiéndolo por televisión y viendo partidos en directo: de Primera, de Segunda, de Tercera División y de cuantas categorías regionales han estado a mi alcance. Desde hace varios años formo parte de la junta directiva del club de mi ciudad, donde uno arrima el hombro lo mejor que sabe porque le puede la pasión y porque nunca sobran efectivos. Pero sobre todo porque no hay nada más gratificante que ver la ilusión de un chaval de ocho o nueve años los sábados por la mañana en un campo de fútbol.

El problema es que el fútbol, como tantos otros ámbitos de nuestra vida, es un perfecto ejemplo de la sociedad en la que habitamos. La mala educación, esa que vemos en las calles, en los centros escolares, en los medios de comunicación y en tantos otros lugares, se expande como una epidemia que nos contagia a todos y amenaza peligrosamente los buenos valores que deben prevalecer en el fútbol base.

Acudan a ver cualquier partido. Observen pacientemente. Vean a los padres y madres de los jugadores gritar, protestar e incluso insultar al árbitro. Fíjense bien si animan a sus hijos o si les dicen lo que tienen que hacer. Piensen si les presionan o les dejan divertirse. No pierdan de vista a los entrenadores, invadiendo el terreno de juego para dar instrucciones. Y la cosa se complica todavía más conforme subimos de categoría, cuando los niños se convierten en adolescentes a los que no se les ríe ni Dios. No es difícil oír a un chaval mandar a paseo al árbitro, al rival, a su entrenador o hasta a sus propios compañeros. Actitudes que muchas ocasiones no son castigadas por los propios clubes. Podría contarles varios ejemplos pero no quiero extenderme.
Mirémonos a nosotros mismos y quizás comprendamos mejor lo que vemos en ellos. Intentemos fomentar el respeto en este deporte para que no quede totalmente contaminado. Si ellos son el futuro, implementemos las buenas prácticas antes de que sea demasiado tarde.
Aprendamos por ejemplo del rugby, donde el equipo vencedor hace un pasillo al perdedor en señal de respeto, ¿se lo imaginan?

 

 

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