
Cinema Paradiso
El cine es algo mágico, capaz de hacernos sonreír, llorar, reflexionar y ante todo disfrutar. Hay películas que se graban a fuego en la memoria de los espectadores. Películas que uno puede ver decenas de veces sin rubor porque forman parte de su vida. Escribo estas líneas con un ojo en la pantalla del ordenador y otro en mi televisión, donde emiten una de las películas de mi vida: “Cinema Paradiso”. El director italiano Giuseppe Tornatore realizó en 1988 esta obra maestra para mostrar su amor al cine. Y vaya si lo consiguió. Asumo que soy un hombre blandengue, pero quien no se emociona con esta película es que no ama el cine.
En un pueblo italiano, el pequeño Totó descubre la magia del cine a través de Alfredo, el entrañable operador encargado de proyectar las cintas en el modesto Cinema Paradiso. Un incendio en la cabina acaba con el viejo cine y Totó se convierte, siendo todavía un niño, en el operador del nuevo cine local. Pero Totó crece y debe dejar atrás su pueblo natal, al que no regresará hasta tres décadas después, tras recibir un mensaje.
“Cinema Paradiso” está llena de imágenes inolvidables que nos hablan de la capacidad que tiene el séptimo arte por provocar todos los sentimientos posibles a través de las imágenes en movimiento. Nos habla de censura. Nos enseña también que un cine es un lugar muy importante para un pueblo, pero que como casi todo en este mundo acelerado en el que vivimos, tiene sus días contados. Hubo un tiempo en el que ir al cine era en sí mismo todo un acontecimiento personal y social. Pero de eso ya no queda casi nada.
“Cinema Paradiso” tiene una banda sonora sensacional, de un tal Ennio Morricone, un buen guión y muchas otras cosas que le sirvieron para conseguir múltiples premios internacionales. Pero sobre todo, “Cinema Paradiso” se recuerda por un final difícil de olvidar, de esos que uno ve borroso irremediablemente por las lágrimas. Por cierto, no es casual que sea la película escogida por LaSexta3 para cerrar el telón después de seis años en nuestras televisiones. Como Totó a Alfredo, os echaré de menos.
