
Sensacionalismo caro
En fechas recientes nos hemos visto atacados por brotes de violencia terrorista, injustificable como de costumbre.
También injustificable es el trato que se les da en los medios. Como si el usuario final de los mismos fuese un mero espectador que se cree todo, obviando meditar al respecto, ni siquiera un mínimo. Los medios son un arma para quienes controlan la sociedad actual. Si quieren que la gente se crea algo lo consiguen. Enfrentan a las gentes interesadamente, sabiendo que la respuesta es insuficiente. Si quieren hacen creer que el hombre ha pisado Marte, o la Luna; o que ha convivido con tiranosaurios. A base de machacarlo acaban convirtiendo todo en hechos. Pondré algún ejemplo al respecto.
Últimamente está de moda culpar al mundo árabe de cuanto acontece. Los terroristas son identificados de cara al público sorprendentemente rápido, tras inmolarse devastando salas o edificios. Aunque hayan chocado un avión y no queden casi ni cenizas. ¿De qué harán los documentos de identificación, que siguen legibles donde se desintegra todo? ¿Por qué se tiende a confundir a los árabes y musulmanes en general (bastantes más de mil millones de habitantes) con grupos minoritarios? Violentos o no, cada uno con sus diferentes motivos (no digo que sean justificados ni dejen de serlo, son varios, cada uno con su historia, pero en cualquier caso son unos pocos miles de personas o decenas de miles). No es lo mismo un árabe que un musulmán, que un yihadista, y así podría seguir... pero los medios prefieren sembrar odio y confusión antes que razonamientos.
Mientras tanto, los ataques terroristas coartan al pueblo. Además del obvio daño directo, en vidas, cambian el nivel de restricciones de libre comercio y circulación de personas. También es curioso que para los medios los humanos estemos categorizados. Los últimos días hemos sufrido demasiados ataques terroristas, pero de no indagar, solo nos enteramos de los de occidente y cuatro países afines. Si ocurren en otros sitios como África, Turquía o Beirut, directamente se ignoran.
Y quienes mueven los hilos no son los gobiernos, tristemente. Antiguamente se estableció la riqueza de las gentes con patrones basados en metales preciosos. En los bolsillos de la gente había monedas de oro, plata y cobre o similares, para efectuar las transiciones monetarias según su cuantía. Si una moneda era falsa, de ser de buen metal se aceptaba, pues en el fondo era el metal lo que le daba valor, más que la imagen que aparecía en la misma. Algunos emperadores romanos por ejemplo, eran odiados hasta el punto que las monedas acuñadas con su imagen eran fundidas, conscientes de que no era necesario verlos para tener el valor representado. Esto las hace objetos preciados hoy en día por los coleccionistas. Al fundirlas, escaseaban y han llegado pocas, incrementando su valor de colección.
Todo esto funcionaba hasta los años sesenta del siglo pasado. Un conocido presidente de iniciales JFK, firmó una orden ejecutiva por la cual la tesorería de su país tenía facultad de emitir billetes respaldados por reservas de plata depositadas en el tesoro nacional. Los billetes eran certificados de plata con respaldo en metal real, no había que llevar metal a modo de carga. Esto molestó a algunos. A los cinco meses de morir asesinado dejaron de imprimirse más 'billetes de plata', convirtiendo el dinero en algo ficticio. Algo que se crea y multiplica en los bancos centrales y bancos privados. Ha pasado a ser un número sin más. Si hay que empobrecer al pueblo, es demasiado fácil. Se inflaciona y todos más pobres. En algunos países circulan varias monedas distintas a la vez (dólares, pesos, etc...) mostrando la falta de estabilidad.
Si a alguien le suena todo esto extraño, basta pensar que en los años sesenta del siglo pasado en España todavía se acuñaban y circulaban monedas de plata (de cien pesetas). En poco tiempo dejaron de circular porque la plata que llevaban ya tenía un precio superior a las cien pesetas. Curioso, ¿no?
