Opiniones

Eduardo Paz. Civilización occidental

Es importante ponerse de acuerdo sobre las palabras para que las conversaciones tengan alguna fertilidad. La ausencia de estos acuerdos es muy frecuente en nuestros días y esto origina la enorme frivolidad con que se abordan las cuestiones en nuestro viejo continente y su área de influencia, esto es, en la llamada civilización occidental o judeo- cristiana.
Tengo para mí que este mundo nuestro está mostrando signos evidentes de decadencia. No puede decirse que sus frutos hayan sido absolutamente buenos, pero no han sido despreciables y las ideas que  han generado nuestra manera de ver y vivir el mundo, tras 2000 años de laboriosísima acción,  se han convertido, para la mayoría de nosotros, en poco más que slóganes vacíos: las ideas han sido suplantadas por las ideologías, sus camposantos, y atenazan nuestra inteligencia como soga al cuello. J.L.Rodríguez, poco después de admitir nuestra crisis, confesó que no podía tomar ciertas medidas imprescindibles porque se lo impedía su ideología…..
Una consecuencia, nefasta, de este abandono del interés por el rigor en el análisis y su suplantación por clichés ideológicos tiene que ver con la valoración que, desde ámbitos mayoritarios de la opinión pública occidental, se tiene de nuestra civilización. Con qué facilidad se ha olvidado que prácticamente todos los conceptos que hoy nos parecen tan progresistas y útiles para la buena marcha de nuestra vida colectiva fueron enunciadas en el seno del pueblo de Israel y completadas por el cristianismo y que algunos vinieron a corregir, hacia la generalización, otras que se intuyeron en Grecia y Roma. Que todos somos iguales ante la ley, que la iglesia y el estado son cosas diferentes y deben estar separados, que las mujeres son seres humanos, que la esclavitud es incompatible con la justicia, que los débiles deben ser atendidos por el estado……está plasmado en los escritos fundacionales del judaísmo y el cristianismo. Y ocurre que la humanidad no ha conocido nunca que tanta gente y durante tanto tiempo (el que va desde el final de la segunda guerra mundial hasta hoy) haya disfrutado del bienestar del que disfrutamos la inmensa mayoría de los habitantes de esta denostada civilización occidental.
Hoy, ahítos de servicios públicos, renegamos de nuestras tradiciones y nos sentimos subyugados por civilizaciones diferentes que, salvo luces más o menos brillantes, no han ofrecido a sus habitantes más que castas impermeables, despotismo y esclavitud.
Bienestar material, se entiende, que el otro, ese que llamamos espiritual, a ese hay que echarle de comer aparte.



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