
Por circunstancias, he tenido que visitar, no hace mucho, un chiquipark, ya saben,uno de esos espacios con circuitos infantiles donde dejar a los pequeños mamíferos sin temor a que se rompan la crisma. Nada más entrar, un sonido ensordeceddor me ha levantado la boina. No eran las voces de aquellas fieras descontorladas, con eso ya contaba, no, era la música de fondo con que amenizaban aquel maremagnun. También contaba con ese asunto de la música de fondo, sé de esa perversión actual de considerar que lo divertido tiene que ser ruidoso, incluídos lo pseudodebates a que nos tiene acostumbrado el presente, a gritos, ¡ qué animación! Pero es que la música de aquel CHIQUIPARK era la mismica que se oye en cualquier discoteca, bar de copas o similar en los que la música es el estimulante perfecto para que la farlopa y la pirula sigan su camino sin obstáculos. Máquina, graves obsesivos marcando todos los tiempos del compás, volumen, no hablar sino gritar. Nada que objetar si quien puebla ese escenario es un adulto, pero niños de 3 a 9 años.......
Me he acercado al responsable y le he manifestado mi extrañeza. Su respuesta no me la esperaba. Yo pensaba que se trataba del típico empresario analfabeto, pero no, era un hombre joven amable, de hablar pausado que me ha hecho saber lo inítil de intentar que sonase música distinta, no sé, infantil, específicamente infantil y es que son los propios niños los que le piden esa música adulta de discoteca. Vienen defectuosos de casa.
Otro síntoma más de la decadencia de occidente. Si Spengler levantara la cabeza qué orgulloso se sentiría.
