Opiniones

Eduardo Paz. La juventud se aburre

El periodo de la juventud es el más pobre, más esquilmado, más ineficaz y desgraciado de la vida. No hay nada más triste que un joven. Se aburren, sobre todo porque no son libres, es decir, no conocen el valor de la transgresión. Aunque parezca un contrasentido, sin disciplina, sin reglas no es posible la libertad y hoy la juventud se aburre. ¿ Qué va a hacer?. Una juventud disciplinada  puede originar una vida correcta y creativa. Una juventud como la actual, pagada por papá, objetivo de colosales esfuerzos por parte del poder político que crea para ella un sin fin de servicios que aplauden sus mayores bajezas, creando en ella un poderoso sentimiento de impunidad está ya implantando una confusión indescriptible e insoportable.
Es una falsedad eso de que la juventud es el período de mayor felicidad, pero aún lo es más si durante el mismo se anula cualquier posibilidad de lucha autoafirmativa, que es indispensable para una formación razonable hacia la madurez. Hoy la juventud no necesita luchar por sus derechos, los ejerce como el que respira y como no está en su Naturaleza la facultad de pensar, ignora el precepto ese de que los derechos propios acaban donde comienzan los de los demás. Así, han perdido el sentido de la transgresión y sus actos, por más brutales, abyectos, ofensivos o agresivos que sean son realizados en ausencia de temor, como si se tratase de lo más natural; da igual que sea prender fuego a un indigente, mearse en la puerta de mi casa o despertar a gritos a todo un barrio. Tiene derecho y el que se atreve a corregir su conducta es tachado, agriamente, de fascista e intolerante.
Este estado de la cuestión no se debe a una sola causa. Tiene que ver en ello unos planes de educación delicuescentes y profundamente reaccionarios, un vigoroso desprecio a la verdad desde todas las instancias sociales que en España hace que no existan nunca polémicas sino rifirrafes y los asuntos se resuelvan en titulares y no en artículos de fondo, etc… Pero lo grave no es que los jóvenes  lo sean, lo grave es que la clase política consienta y aliente este estado de cosas tan castrante de las libertades públicas, incluídas las de los propios jóvenes, con un desprecio delincuente hacia sus obligaciones contractuales y buscando, sobre todo, la seguridad de su carrera política.
Lo más gordo y desconcertante es que los jóvenes, en su mayoría, no votan. ¿ Dónde está pues la estupidez?

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