Opiniones

EN MI MOLESTA OPINIÓN: Camisetas

José Alberto Pellicer Desde hace unos cuantos años hacer un regalo, tener un recuerdo, salir de un apuro,… se soluciona con una camiseta. Las hay de todo tipo, graciosas, publicitarias, como comentaba mi amigo José Luis Pueyo, que recuerdan dónde has estado, dónde has competido, en qué club te has inscrito, de qué sorteo has salido beneficiado, cuánto te quiere o te odia tu pareja, de qué partido eres seguidor, cuál es tu equipo de fútbol, cómo se pasaron tus amigas el día que te despedías de soltera, o cuando se hizo el treinta y ocho aniversario de los quintos o el veintisiete de la primera comunión.

Además muchas camisetas se crean con la necesidad de que queden antiguas inmediatamente, por ejemplo las de fútbol, con el nombre de un jugador que se va la temporada siguiente y si se queda cambia el diseño de las franjas.

Invito a que cualquier lector busque camisetas en el armario o en los armarios y verá cuántas camisetas inútiles ha comprado o le han regalado. Cuántas camisetas no se ha puesto jamás, cuántas ciudades ama sobre las que ha puesto un corazón, cuántas camisetas no se pondrá jamás.

Pero si pudiéramos abrir el armario del futuro podríamos ver cuántas camisetas nos vamos a comprar.

Declaro mi guerra particular a las camisetas, que contaminan con su fabricación, que derrochan con su adquisición, que son en muchísimos casos inútiles. Y además es de horteras y frikis regalar camisetas, más vale una flor que se regenera, un yogur que alimenta o un beso que también alimenta.

Por cierto, ¡qué bien me sentaría esa camiseta! Si no la compro mi armario me lo reprochará eternamente. 

Compartir

Otros artículos de opinión

Image