
José Alberto Pellicer
Las ocurrencias alcanzaron las más altas cotas de la necedad con el gobierno de Zapatero. Magnífica fue aquella en la que primero se nos cobraban quinientos euros y luego se nos devolvían 400 a los ciudadanos perdiendo 100 en el camino. O la de regalar un ordenador a cada estudiante dando igual que tuviera cuatro más o ninguno. En fin, alguien habrá que podrá escribir en unos cuantos tomos el desglose de ocurrencias.
Pero el virus de las ocurrencias anda suelto. Mariano Rajoy presenta unos presupuestos y a la semana tiene la ocurrencia de recortarlos. En vez de subirnos los impuestos tiene la ocurrencia de hacernos solidarios con la recaudación de más dinero. Vamos, que pronto habrá para un nuevo volumen. Los escritores en paro aquí tienen un filón.
El virus ha llegado a Alcañiz. Ante los problemas de vandalismo de los fines de semana, el concejal Nacho Esparrells ha tenido la ocurrencia de que para que los vándalos no salten encima de los coches les va a poner una escalera o los va a llevar de paseo por el cabezo Puipinos.
El vándalo necesita coches para saltar, retrovisores que arrancar, macetas que aventar, puertas que romper, personas a las que molestar,…
En línea con sus ocurrencias puede mandar a los vecinos a dormir al recinto ferial, puede prohibir aparcar, puede hacer poner muros de hormigón delante de las casas, puede multar a quien tenga macetas, detener a quien tenga retrovisores en los coches,…
Porque soluciones tan sencillas como que entren por la puerta de entrada, que se mande a la policía para que vigile y disuada, que se sancione a quien rompa, se persiga al delincuente, se controle el consumo de drogas, son demasiado sencillas para cabeza tan despejada.
