Opiniones

EN MI MOLESTA OPINIÓN: Jálovin

José Alberto Pellicer Son muchas las personas que se agarran a las tradiciones como si fuera una lucha necesaria e irrenunciable. Debo confesar, que no con demasiado ahínco, pero en algún momento yo también las defendía.

Todas las tradiciones que ahora consideramos como “muy nuestras” en otro momento fueron invasoras, vinieron de otros lugares, les gustó a nuestros antepasados, las acomodaron a su forma de ser y siguieron con ellas.

Atarse a las tradiciones nos podría llevar a seguir pintando en el abrigo de La Cueva del Charco del Agua Amarga. Y aún así, su forma de pintar procedía de otras tierras.

Aquí no hemos inventado ni los tambores, ni las carreras, ni el cierzo. Pero nuestros antepasados sacaron los tambores que eran del ejército en las procesiones, corrieron con los coches por el medio del pueblo y al cierzo no hay quien lo pare.

Así que aunque no me gusta nada la fiesta de Jálovin, ¡viva Jálovin! Porque es una fiesta en la que la gente se lo pasa bien, se divierte, convive, prepara los disfraces con los amigos, guarda sorpresas, se ríe, come, disfruta, olvida dónde ha dejado la cerveza y con el olvido se van algunos malos momentos. ¿Alguien da más? Pues que viva el Jálovin. 

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