
José Alberto Pellicer
Cada vez son capaces de asombrarme más los partidos políticos, vamos sus militantes. En estos momentos al menos se vislumbran tres o cuatro pesoes. El de Rubalcaba, el de Chacón, el de que no está con uno ni con la otra y el de la vieja guardia de Felipe González, aquel que dijo refiriéndose a Zapatero, rectificar es de sabios, pero si se hace todos los días es de necios.
Si escuchamos a cada uno de los psoes, son en realidad partidos distintos, con ideologías distintas, con soluciones distintas y con una forma de ver y analizar la sociedad distinta. Unos y otros están a la greña, se dan las puñaladas que pueden, sonríen (poco) con sus caras encima de la mesa, pero por debajo las espinillas están al rojo vivo y las punteras de los zapatos desgastadas. Son partidos distintos que no tienen nada que ver uno con el otro, salvo el pasado.
Pero habrá un congreso, triunfará sólo uno y entonces, todos los pesoes se convertirán en uno. Todos los que defendían posturas distintas se montarán en el mismo caballo y reinará nuevamente el pensamiento único.
Podría pensarse que es una actitud de borregos. Algo hay, pero no es lo más importante. Quien no apoya al jefe tiene pocas posibilidades de vivir de la política, así que son los hienas las que se visten de borregos. Lo importante es tocar sillón.
Lo dicho es válido para pepés, ius, upeydés y demás.
