
Lector suicida
A ver si al escribir me tranquilizo un poco, antes (hace unos años) escribir me relajaba mucho. Quizás esta pequeña colaboración periódica le venga bien a mi humeante cabeza, aunque no estoy muy seguro porque ya estoy escribiendo esto contrarreloj, lo tenía apuntado hasta en la mano pero salgo de una y me meto en otra, salgo de ésa y me llaman por teléfono, se me rompe el teléfono y me fisuro dos costillas.
Perdón, no me he presentado, soy Eugenio, hace poco más de dos meses mi pulsión por la lectura y un pequeño brote de locura me llevó a abrir una librería en Alcañiz y desde entonces no tengo tiempo para leer. ¿Qué clase de broma es ésta? ¿Veo llegar libros maravillosos que me los zamparía de una sentada y apenas puedo ojearlos? ¿Vivo en el paraíso y estoy privado de los sentidos? Macabro. Incluso las editoriales me envían novelas meses antes de su publicación para que las lea anticipadamente, ¿recochineo?
Me temo que tiene algo que ver con la condición de ser una persona de esas que llaman misteriosamente "autónomas" y que, no me averguenza reconocerlo, hasta hace unos meses no tenía ni idea de lo que significaba, tampoco me importaba en absoluto porque tenía tiempo para leer, y no precisamente textos sobre el régimen de trabajadores autónomos en España.
En resumidas cuentas, y corto ya, que me dicen que no me enrolle que si no os cansáis de leer (malditos... resulta que vosotros hasta os cansáis de lo que yo más deseo), que perdonéis por esta presentación tan abrupta y acelerada, que prometo intentar escribir más pausadamente, céntrandome en un tema concreto, y lo más importante, que si os gusta leer no montéis una librería. Hacerse librero hoy es hacerle el harakiri al lector que otrora soñaba con montar una librería.
Por cierto, felicidades a Stephen Hawking, hoy cumple 72 años. Si queréis sentiros insignificantes y miserablemente extraños leed algún libro del amigo Stephen, os destrozará la vida, pero habréis entendido lo que significa. O no.
