
Leer y besar la lona
Vamos mejorando. Hoy me pongo a escribir con diez horas de antelación a la fecha de entrega pero no sé qué contaros. Y es que no me entero de nada, de "las noticias" y todo eso de "los medios de comunicación" digo. Por la mañana escucho quince minutos a Jiménez Losantos mientras me ducho. Carcajadas entre champú. Me encanta como insulta ese señor, a pocas personas he oído insultar tan bien como lo hace el periodista de Orihuela. Lo considero un maestro del arte del insulto, lo domina a la perfección y eso es porque hace lo mismo con el idioma. Me gusta oír a la gente que le saca las telarañas al diccionario. En definitiva, que en un cuarto de hora uno no se entera de mucho, y menos cuando siete de esos quince minutos son adjetivos descalificativos del personaje de turno a los que hay que restar otros cinco de publicidad... Pero me cae bien "el Federico", lo admiro sólo por eso.
¡Ah sí! Una buena nueva al hilo de mi entrada anterior: He dado con el método para leer. Os decía hace quince días que no disponía de tiempo. Ni de tiempo, ni de la relajación y el compromiso necesarios para comenzar una novela a la cual tienes que cuidar y dedicarle parte de tu día a día, porque las novelas son un poco como los animales de compañía, tienes que estar por ellos. A mí me parece que empezar Anna Karenina y a las quince páginas dejarla en la mesilla cogiendo polvo durante dos semanas es como si no le dieras de comer a tu perro durante ese tiempo. Lo más probable es que cuando vayas a ver al perro, el pobre animal este tieso, y tampoco voy a asesinar a la pobre desgraciada de Anna Karenina, ¿no?
Pues para no matarla he buscado por la segunda fila de las estanterías y me he armado con un ejército de libros de relatos breves, y ¡eureka! me he reencontrado con las maravillas del cuento corto que tanto me gustaba a los 18 años. Estoy releyendo algunos clásicos del género como Nabokov, Flannery O'Connor, Borges o antologías de relatos fantásticos, y compáginandolos con nuevos "cuentistas" que me han dejado dejado de piedra por su contundencia (Eloy Tizón, Mariana Graciano o Graham Masterton). Creo que fue Cortázar (¿quizás el mejor cuentista?) quien dijo que el cuento tenía que vencer por K.O. al lector y eso es algo que sólo los relatos breves por su extensión pueden lograr. Así que si alguien siente la necesidad de ser noqueado por la literatura y no dispone de mucho tiempo, estaré encantado de presentarle a unos cuantos pesos pesados que le harán morder el polvo.
Conclusión: Doblemente feliz, por haberme reencontrado con ese género que con frecuencia cae en el olvido de los lectores (y que sigue muy en forma, doy fe) y por colisionar con la manera de seguir leyendo.
Y otra cosa, hoy es el cumpleaños de mi madre, que no escribe libros pero también la quiero.
