Opiniones

Eugenio Ramo


Voyeur de lectores

Siempre he sido un poco voyeur, no en plan sexual tranquilos, de hecho creo que a nuestra manera todos lo somos un poco. Caminar por la calle de una ciudad o pueblo y mirar a través de una ventana para imaginar quién vive ahí y qué hace con su vida es algo que me puede. La experiencia es todavía más delirante cuando se trata de un lugar al que visitas por primera vez o de una ciudad extranjera. Otro síntoma de vouyerismo es mi obsesión por averiguar qué libros lee la gente para sacar mis propias y absurdas conclusiones. Durante mis años en Barcelona y mientras la agorafobia me lo permitió, el metro era un lugar idóneo para conocer el gusto general de la clase trabajadora, que es la que llena los vagones, o llenaba mejor dicho, porque desde hace unos años se pueden ver muchos más turistas que trabajadores, por razones obvias y otras quizás no tanto... La ciudad de Barcelona poco a poco, pero con ritmo firme se ha convertido en una suerte de "Súper Port Aventura", está diabólicamente diseñada para los turistas y son ellos los privilegiados por encima de los propios barceloneses. Pero de eso (y de otras muchas particularidades del "progreso" de Barcelona) no es de lo que quería hablaros.

Los "Best Seller" ganaban por goleada, y es normal, su propia etiqueta los delata. Pero casi todas las semanas encontrabas a alguna muchacha leyendo a Perec -en ese momento ella se convertía en una chica diez veces más guapa- o algún viejo loco leyendo a Gracián. Esas personas hacían tu día más amable, y te sentías un poco más arropado en el mundo. Ahora en la librería, hay ocasiones en las que el mundo me vuelve a dar unas palmaditas en la espalda. Aunque la mayoría de las veces no me doy cuenta de qué libro se está llevando el cliente, otras veces sí. Y sin ir más lejos la semana pasada dos jóvenes, un chico y una chica, ambos sin sobrepasar la quincena, se llevaron entre sus manos sendos ejemplares de El Conde de Montecristo, y eso al arriba firmante le hace inmensamente feliz.

Este verano a modo de investigación empresarial muy sui géneris observaba en playas y piscinas a los lectores, y sobre todo si leían en papel o en digital. Mi novia pudo ver algo que nos ha desconcertado hasta el día de hoy, mantuvo su atención en una señora que leía un libro (de papel) pero nunca pasaba página. Trancurridos unos desquiciantes minutos la curiosidad hizo que mi novia se levantara y pasara disimuladamente por detrás. La mujer escondía un libro electrónico entre las páginas de uno "tradicional". Todavía hoy no tenemos muy claro el porqué. Al hilo de esta extraña anécdota diré con satisfacción, que el libro digital no está teniendo la aceptación que se esperaba entre los lectores, según datos de la agencia del ISBN por cada doscientos libros "detodalavida" se venden tres digitales. No voy a defender ahora las virtudes del libro de papel, que cada uno lea donde y como quiera, pero no me quiero imaginar el dolor que debe producir el quedarte sin batería en el último capítulo de una novela que estás devorando cual manjar de dioses.

Y sí, hoy también hay felicitaciones, y por triplicado. Dos jóvenes llamados Cristiano Ronaldo y Neymar cumplen años, de los dos podéis encontrar libros, no los han escrito ellos pero se venden como churros. El tercer aniversario es el de William Burroughs (hoy llegaría a los tres dígitos) y de él aunque mucha gente no lo sepa también hay libros, en este caso escritos por su mano ebria. Y vaya libros, absolutamente necesarios.

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