Opiniones

Eugenio Ramo


Podemos es un eslógan futbolístico

Llevo 15 minutos frente al blanco de la pantalla, tocándome el bigote y pensando en qué escribir. ¡Menos mal que tengo dos ideas anotadas en la agenda para este compromiso! Las notas dicen -atención-: "Murió el Chavo" y "Nació Walt Disney". Pero no me apetece dar la brasa con ninguno de estos dos mitos, a fin de cuentas a uno lo iba a ensalzar injustamente y al otro denostar de la misma manera.

Me pongo a leer la prensa en busca de inspiración y es entonces cuando el miedo se apodera de mí. La noticia de la semana me trae a la cabeza desgraciados recuerdos y algunos rostros que nunca podré olvidar. Me remontan al 17 de marzo de 2004, cuando camino del estadio Lluis Companys para ver la final de la Copa del Rey que disputaron el Real Madrid y el Zaragoza, fui agredido por un grupo de "cabezas rapadas" con bufandas del Espanyol.

No sé cómo pude escapar del círculo de golpes que formaron alrededor mío y corrí, corrí en busca de ayuda. Había un despliegue policial acorde con lo que había sucedido seis días antes (el terrible 11M), por lo que cuando apenas llevaba unos metros perseguido por un atlético ser humano con botas militares que vociferaba su intención de asesinarme, ví un grupo de policías delante de dos furgones policiales. Sin dejar de correr, les hice gestos para que comprendierán que el de atrás me quería matar, pero no encontré ninguna respuesta en sus rostros más allá de unas muecas de sorpresa. Decidí no parar. Decidí correr como un gato en busca de refugio en lugar de buscar ayuda. Volví a pasar por varios escuadrones de policía pero ya no intenté nada. Ellos tampoco. Me limité a huir y a no parar de correr.

Conseguí dejar atrás al velocista de las botas militares, me oculté entre las dos aficiones que se dirigían al estadio al grito compartido de "Todos a una, puta Osasuna" y que tampoco tuvieron ningún gesto solidario al verme correr delante de aquel psicópata. Nadie lo tuvo, ni la policía, ni las miles de personas que caminaban eufóricos hacia el "circo".

Llamé por teléfono a mis familiares que se habían quedado en el lugar del primer puñetazo. Ahora estaban hablando con los agresores y me pedían que volviese allí puesto que había sido una confusión. Los agresores querían disculparse.

Con las piernas temblando y sin tenerlas todas conmigo desanduve lo corrido. Un morlaco de más de dos metros y reluciente cráneo se erigió como portavoz del grupo y comenzó a excusarse: "Perdónanos, creíamos que eras punkie y eres alternativo". Cágate lorito. Creo que no pude ni hablar.

La prensa también decía que el pueblo español cree en una regeneración politico-social; y a mí me entra la risa.

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