Opiniones

Gonzalo Villa

Aullidos

 

Como en el sofocante clima revolucionario de los años 50, emergen las críticas furiosas contra las promesas rotas, para desenmascarar y condenar las atrocidades que se cometen por aquí y por allá, desafiando con gusto y audacia todo lo acostumbrado e intocable para el modo de vida que se ha perpetuado siglo tras siglo, para asentar una población de bodas de sangre de época oscurantista.

Aunque se utiliza la estratagema que invita a empezar a creer que las protestas y las manifestaciones son en vano, porque el pueblo todavía no ha logrado liberarse de sus miserias, y sigue sufriendo, aunque de otra forma, es alentador que se ataquen las políticas de la crueldad, las hostilidades azuzadas a pobres ignorantes, y las mentiras e hipocresía de quienes alientan a la conflictividad ajena, para mantener la paz propia.

Se multiplican voces solidarias dispuestas a hacer del compromiso una razón de vida. Incontrolables, desafiantes, audaces, amorosas y vitales, enemigos de la opresión, que celebran la vida y condenan todo el mal.

Los secretos que guardaba con angustia, cada haragán con ínfulas de grandeza o glotonería, le mantenían reprimido y presa del miedo, y ya recordamos lo que decía el maestro yoda: “El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio”. Y así se volvían manipuladores, que huían de los verdaderos problemas, esos que se solucionan con un cambio de costumbres, y se abandonaban a la silenciosa destrucción, esa que en el pecado lleva la penitencia.

Esta profunda catarsis, supone un ajuste de cuentas con los dogmas del pensamiento conservador, alentando la vida, en vez de una civilización deshumanizada, en la que miembros de la colectividad, que apenas pueden leer por desgana, suman incontables listas de muertes, acostumbrando al sinsentido de la sociedad.

Lo que hace Boko Haram en Nigeria, con dos mil muertos de una tacada, o diez mil cada año. La universidad del terror, Camp Bucca, por donde pasaron miles de iraquíes: sospechosos, inocentes, culpables… que se radicalizaron y compartían información, tácticas de combate y establecían contactos que han desembocado en el Estado Islámico. La matanza de niños en Pakistán después de lo que ha sido Malala Yousafzai, Y ahora Charlie Hebdo, y más. Siendo como es la naturaleza humana idéntica, cuando te maltratan, te dan un motivo o un millón para el ajuste de cuentas, y pocos para poner la otra mejilla. Y es que la clave está en las palabras de Malala en la ONU en 2012:

"¿Por qué los talibanes están contra la educación?" Respondió simplemente señalando a su libro: "Un talibán no sabe lo que está escrito en el interior de este libro."

Por lo que propongo la lectura de este libro:

Los otros aullidos, antología de poesía beat. Selección, traducción y estudio, Daniel García Arana. STI Ediciones.

Harold Norse, Bob Kaufman, Lew Welch, Peter Orlovsky, Michael McClure, Joanne Kyger, Philip Lamantia, Stuert Perkoff, Diane di Prima, Dan Propper, Gary Snyder, Philip Whalen, Tuli kupferberg, Jonathan Williams, Leroi Jones, Ed Sanders, Ron Padgett, Ted Joans, Lonore Kandel, Bill Margolis, John Wieners, Ron Loewinsohn.

Y la poesía sincera de esta canción de los juegos del hambre, sinsajo.
¿Vas a venir al árbol dónde vi a un hombre ahorcado que a tres hizo morir?
Cosas extrañas pasan al anochecer en el árbol del ahorcado te veré.
¿Vas a venir al árbol donde vi a un muerto pedir a su amada huir?
Cosas extrañas pasan al anochecer en el árbol del ahorcado te veré.
¿Vas a venir al árbol donde vi un sueño en el qué ser libre junto a ti?
Cosas extrañas pasan al anochecer en el árbol del ahorcado te veré.

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