Opiniones

Gonzalo Villa

La guerra de las payesas, la amenaza paisana

Una historia como la mía, jamás debería ser contada. El mundo al que pertenezco es tan prohibido como frágil. Sin ideales compartidos, no puede sobrevivir. Yo no había nacido ni mucho menos para ser indisociable. Como con tantas otras cosas en mi extraña vida, la corriente me arrastró a ello.

Era un muchacho guapo, trabajador, honrado y con ofertas de matrimonio. Así que a su madre se le rompió el corazón cuando decidió contraer matrimonio lejos de ella, con la que resultó ser una ladrona y asesina conocida, una mujer notoria por su carácter vicioso e inmoderado, que había nacido pequeña y raquítica, enfermiza y deforme, con lo que su madre la instruyó en el abominable arte de la doblez y la traición.

Cuando el niño nació, como en todo hogar de bien, fue educado en la evolución, el estudio y el esfuerzo. En cuanto pudo mantenerse en pie fue bautizado en el noble arte del trabajo. Le enseñaron a no retirarse jamás, a no rendirse jamás y a que superarse ante cada desafío era la mayor gloria que podía alcanzar en vida.

Durante  lustros fui un soldado leal del clan de la familia y el servicio público, pero me traicionaron.

La justicia no era lo que me habían enseñado. Después de las elecciones, las mentiras que unían a nuestras vidas se habían desenmascarado.

Recuerden, recuerden. Nos dicen que recordemos los ideales, no al hombre, porque un hombre se puede acabar, pueden detenerle, pueden matarle y pueden obligarle pero los ideales pueden seguir cambiando el mundo.

Yo he visto con mis propios ojos el poder de los ideales. He visto a gente construir pueblos por ellos y recorrer miles de kilómetros para coordinar acciones por defenderlos. No se puede besar a un ideal ni tocarlo o cazarlo. Los ideales no sangran, no sufren ni tampoco aman. Pero no es un ideal lo que yo echo de menos sino un Hombre.

El mundo occidental está sumido en el caos. La geopolítica está en disputa. Esperando resolver el asunto con un bloqueo de poderosas restricciones, la codiciosa Rusia ha detenido todas las compras del sector agropecuario. Mientras Europa debate interminablemente esta alarmante cadena de acontecimientos, la Canciller Suprema ha enviado en secreto a sus guardianes de la paz y de la justicia, para resolver el conflicto.

En el país reina la inquietud. Varios territorios han declarado su intención de abandonar la República.

Este movimiento separatista, liderado por los misteriosos Presidentes de la Generalitat, ha provocado que los trapos sucios salgan de los armarios y que al limitado número de políticos de provincias les resulte difícil mantener la paz y el orden en la masía, el caserío, la mejana o el cortijo.

Son tiempos adversos para la rebelión.

 

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