Opiniones

Gonzalo Villa

 

He llorado una “jartá”

Después de sobrevivir sin tele desde el uno de julio hasta antes de ayer, descubro a Toñi, en el programa “Entre todos”, y a muchos telespectadores solidarios, y he llorado una “jartá”.

Un hombre y una mujer, casados, con cuatro hijos pequeños, parados de larga duración, que lejos de caer en el divorcio, se dejan ayudar, pidiendo sólo para el comedor escolar.

Una mujer, a la que entre sus muchas virtudes le adorna la falta de la virtud de pedir, que tan bien explicaba Mabel Alquézar, y que pedía únicamente para que pudieran estudiar sus chicos.

Y así, muchos casos más, en los que personas nobles, nada conflictivas, que sufren la falta de empleo, siguen en familia en lo malo, en la adversidad, en la pobreza y en muchos casos en la enfermedad.

Luego, he visto una reseña de la película, “Imparables”, con la conclusión de que hay que vivir la vida. Y he llorado una “jartá”.

Más tarde he visto el primer capítulo de la serie “Revolution”, del aclamado director J.J. Abrahams, que parte de una situación de ausencia absoluta de energía eléctrica. En la que se vuelve a una situación medieval, en la que las milicias violentas amedrentan a las gentes honradas.  Recordé “Los pilares de la Tierra”, y “Cold Mountain”.  Y me impactó la amenaza del represor que decía – Si no delatas a tu hermano, me llevaré a los niños, y les reeducaré hasta que no recuerden a sus padres- Y pensé en esas mujeres que se llevan a los hijos hasta que no conozcan a sus padres. Y he llorado una “jartá”.

Y por último la tele me ha sacado del retiro espiritual y sanador, para recordarme que el amor fraterno precisa de la intervención social, para que nadie tenga que decir –He perdido a todas las personas que me importaban, a la pareja que me quiera, a mis padres; y a mis hijas, sólo Dios sabe lo que les están haciendo-

La joven protagonista de “Revolution” encuentra a su tío, y le pide ayuda, porque son familia. Y el tío, curtido por miles de acosos y traiciones le dice -¿familia?, si tan siquiera te conozco. Aunque los acontecimientos posteriores hacen aflorar que verdaderamente son familia, y se ayudan, protegen y cuidan.

Luego, un benefactor ha donado treinta mil euros a una mujer con necesidades de subsistencia que alcanzarían a unos diez mil euros, con dos niñas, que dijo entre dientes, que su relación con el padre de las criaturas “no había funcionado”. Y me pregunto si con lo que sobra después de atender su caso, ayudó a otras personas, ya en peores circunstancias que ella, donando los veinte mil euros.

Y favoreciendo que hijas y padre, sean efectivamente, familia.

 

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