
Vidas separadas
“Dame un hijo de un hombre sano y de inteligencia normal, y yo haré de él un Chatterley perfectamente competente. No es quién nos engendra lo que importa, sino dónde nos coloca el destino. Pon a un niño cualquiera entre la gente gobernante, y se hará, en su medida, gobernante. Pon a los hijos de los reyes y de los duques entre las masas, y serán pequeños plebeyos, producto de las masas. Es la abrumadora presión del entorno”.
(Extraído de El amante de lady Chatterley – D.H. Lawrence, escrita en 1927).
Millones de veces oímos a separadas, divorciadas, alejadas de la cultura y la filantropía, y sus afines perrunos, que las hijas apartadas de sus padres, son felices, estando entre quienes nacieron con suficientes malformaciones como para que les hubieran abortado legalmente. Felices para alcanzar la meta de protagonizar algún episodio de “hermano mayor”.
Hijas con una lista de tacos sin fin. “No se sueltan palabras inconvenientes. Muestran una pobreza absoluta de lenguaje. Estas personas utilizan una décima parte del vocabulario elemental, y de esa décima parte, el 90% es inaudible”.
Hay que elegir bien los colegios, de modo que tengan un ideario acorde con la educación que se les procura en casa. Por ejemplo que enseñen:
Que meter la mano en la caja ajena y llevarse el dinero, está mal.
Y que buscar niños para hacer porquerías con esos pobres chavales, está mal.
Y que ser trepa está mal.
Y que ayudar a los demás está bien.
Y que dejar abandonado al abuelo en la gasolinera está mal.
Y que enriquecerse hundiendo al prójimo estaba feo.
Y que privar a los hijos de padre está mal.
Que el padre y la madre de familia son los responsables de sus hijos, y sin privilegios de convivencia o restricciones en la comunicación o atención.
Que el colegio no puede arreglar lo que se estropean los adultos que rodean a los niños.
Que el chaval sea limpio, generoso, recio, trabajador, que se vuelca por los demás, simpático, alegre…y además saca buenas notas.
En ocasiones desde la ignorancia se busca un diagnóstico, de la enfermedad que sea, que haya una medicación o un tratamiento que administrar, y así eludir la responsabilidad que supone haber mantenido malas costumbres en el entorno de las personitas que evidentemente se reproducen, con el agravante de que si las circunstancias futuras requieren buenas costumbres para encontrar la solución, al no contar con ellas, el resultado es peor que cualquier otro conocido por sus antecesores, gentes que formaron el entorno de la criatura durante décadas.
Hace mucho que el divorcio y el aborto son malas costumbres, que no solo no reducen el maltrato y el asesinato, sino que lo han incrementado en diez mil por uno. Pues se han convertido en las armas de gentes con malas costumbres, la primera pretender sin contraprestación, y sin atisbo de agradecimiento, la apropiación indebida, y la reunión de vagos y maleantes.
Apartar a un buen padre, para defender a una mala madre, no es proteger el interés del menor, es entregarles a malhechores, y que se hagan a su imagen y semejanza.
Matar a un hombre, para defender una idea, no es defender una idea, es matar a un hombre.
