Opiniones

Gonzalo Villa

Querida hija, hoy es 28 de julio

Hoy he estado recordando cuando ibas en el carricoche con apenas ocho meses. Mostrabas una curiosidad encantadora. Mirabas a todos lados con los ojos muy abiertos. Y entonces yo te cogía en brazos, y te señalaba las cosas, y te contaba lo que sabía acerca de aquella calle, de aquella estatua, de aquella niña que se acercaba a darte un beso y te regalaba una margarita.

Mirabas a todos lados, girándote sobre la silla y agarrándote del protector. Y días después ya señalabas algo, y me mirabas esperando una descripción, mi voz entregándote unos sonidos que satisfacían tu inquietud. Aquel mobiliario urbano, el cartel de la representación teatral, de las películas del cine, del busto que estaba en lo alto de la columna, de todas aquellas flores de muchos colores distintos del parterre del parque.

Claro que no se me olvida el día en que me llamaste papá, sin repetirlo después de que yo te lo dijera. Era un 28 de julio de hace nueve años. Hace nueve años, corrías por la acera con los hijos de Almudena y de Pelayo, las gemelas de Beatriz y de Bernardino, las cinco primas y primos, nietos  del tío Trapalán, y el primo David. Y ya sabías detenerte  en cualquier intersección mirando a derecha e izquierda. Y me buscabas estirando el cuello como una jirafa, y yo asentía con una sonrisa, cruzando la mirada contigo y aprobando tu acierto con un leve movimiento de cabeza. Y tú me sonreías, y les dabas indicaciones a los otros niños, como si fueras un maestro guiando a un grupo de niños y niñas, todos de la mano, en una salida extraescolar.

Aprendiste pronto los números, los colores, las letras, e identificabas los animales, los medios de transporte, el mobiliario de la casa, los utensilios y tantas cosas con tal facilidad, que llegabas al colegio con la lección aprendida, y actividades y juegos con los que dinamizar la clase, y hacer sentirse mejor a tus compañeros.

Hoy que estás a punto de acabar primaria, ya sabes que el instituto llegará pronto, que habrá que hacer algunas programaciones del tiempo disponible, algo más exigentes que hasta ahora, y que la Universidad te está esperando, con un puesto con tu nombre.

Hoy me acuerdo, como si fuera ayer, cuando pintaste el nacimiento de venus de Botticelli, en la pared de la escalera, con los pinceles y las témperas que compramos en aquel viaje a París. Lo miro y te veo en cada pincelada, en cada cuadrícula, en cada color, hasta en el desconchón que hiciste aquel día de Enero en que salías con la bicicleta que te habían traído los reyes majos.
Me acuerdo de cuando leímos el principito a la luz del flexo, sentados en la cama recostados sobre las almohadas que nos protegían de la dureza del cabecero. Tú decías que aquel zorro era muy buen tipo, que la rosa era como la tía Isabel, y nos reímos y la llamamos por teléfono para preguntarle si necesitaba que la mimaran, y nos dijo que qué pregunta era esa, y nos reímos todos, y ella la que más.

Tengo en las manos las alas que hicimos con cartón y plumas de las cigüeñas que recogimos en el castillo. ¿Recuerdas cuando nos dimos cuenta de que nos faltaban cinco o seis para llenar el cartón y se nos ocurrió que habría que subir a los nidos, coger a una con un lazo y decirle que nos cediera algunas de las que le sobraban? Que surrealistas éramos, pero era tan divertido.

Tu madre va llegar del viaje a Bruselas esta misma noche, a las 19:35, y le vamos a preparar una bienvenida de rechupete y megahipercariñosa. Verás, primero iremos al supermercado para prepararle su plato favorito, y vamos a colocarle las toallas que le gustan, para que se seque después de la ducha. Y le vamos a dar tantos besos, que no le va a quedar cara para uno más.

Venga, vamos, que cuanto antes empecemos, antes lo tendremos todo dispuesto.

No sabes cuánto te quiero hija, y lo contento que estoy de que estés en casa.

Ala, vamos a prepararlo todo.

El rey habla meridianamente claro, como nunca, reprobando el descaro de arengar a incumplir la ley, en Cataluña, para separarse, abandonar y explicar que es por su independencia, no bastando la autonomía. Por cierto, Guardiola, me has decepcionado tanto. El mismo rey que sanciona la Ley Orgánica 8/2015, de 22 de julio, de modificación del sistema de protección a la infancia y a la adolescencia, que por su título prometía tanto, pero al igual que el artículo 155 de la Constitución Española, no va a ser aplicado como para que los padres tengan conversaciones con sus hijas como la incluida arriba.

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