
Sirovago, ¡así no hay quien engendre!
Donde no hay mata no hay patata. Lo que me hace recordar aquellas tardes detrás del arado, aricando, mientras una mula tiraba, sin necesidad de medirle la vara en el lomo, abriendo surcos derechos como una vela. Claro que cuando menos te lo esperabas, arrancaba por medio de la parcela, sin orden y concierto, mientras le voceabas: -¡Vuelve al surco!- en un vano intento de comunicación, dado que como es sabido las mulas no articulan palabras y es dudoso que las entiendan. Ya lo dice Pablo Iglesias, el dialogo es enriquecedor entre quienes piensan distinto, no entre quienes piensan lo mismo, pero hay que articular y entender al otro.
El otro día una espectacular Silvia Abril, nos enternecía con su interpretación de Heidi, merecedora del triunfo, lo que nos permitió escuchar a quien destinaba los 3.000 euros de premio. A la ONG YAMUNA, para construir una escuela en Madagascar, y procurar educación a niños y niñas, para que tengan una oportunidad de dignificar sus vidas y escapar de la prostitución a la que se dedican sus madres.
¿Así es como se engendra?
Mientras tanto en España, se otorga el premio Planeta a la escritora Alicia Giménez Barlet, por su obra, Hombres desnudos, que trata de la prostitución masculina, producida por el desempleo y otros efectos colaterales, alejados de la cohesión familiar y colectiva.
Que yo me pregunto si no va a ser la cifra de negocio de la prostitución de unas y otros un indicador significativo del desarrollo de los países, comarcas o entidad homogénea, y de la condición humana de sus habitantes.
¿El engendrar estará íntimamente vinculado a la prostitución, en sociedades avanzadas?
Verdaderamente, parece la resulta de una conspiración sectaria, cuya principal pretensión es el control de la natalidad, y la asignación de personas a la estructura productiva, desde los puestos más penosos y peligrosos, hasta aquellos más privilegiados y acomodados. Ahora que China ha llegado a abolir la ley de hijo único, permitiendo dos, en España prolifera el embobecimiento de criaturas a fuerza de entregarlas a quienes menos capacidad de generar soluciones globales, pueden aportarles. Soluciones que crean las oportunidades individuales, claro. Oportunidades que no pasen por lo último, la emigración como refugiados de guerra.
Lo que trae a colación esa historia de los expatriados con esa absurda idea de volver a un territorio donde no se han generado oportunidades de trabajo ni vida digna, que podríamos llamar Sirovagia:
Eran dos expatriados que vivían descontentos lejos de la patria a la que amaban, como el señor Ye a los dragones, y se morían de ganas por ir a vivir a ella. Sin embargo, habiendo oído rumores sobre los problemas de empleo y bienestar social, no acababan de decidirse.
Un día, uno propuso:- Mira, tengo una idea. Yo iré primero y viviré allí durante una temporada.
Comprobaré si son ciertos los rumores y entonces te escribiré una carta, diciéndote si puedes venir o si debes quedarte aquí.
- Me parece una buena idea, pero ¿qué pasaría si también fuesen ciertos los rumores sobre la censura del correo?
- Humm... bueno, pues vamos a hacer una cosa; si te escribo la carta con una tinta azul es que nos acogerán y podremos vivir dignamente; si te la escribo con tinta roja es que debes quedarte.
- De acuerdo, camarada.
Así que uno de ellos se va a vivir a la patria soñada sin fundamento, y al cabo de varios meses su camarada recibe una carta escrita con tinta azul que dice:
"Querido amigo, este sitio es maravilloso. Me va fenomenal; tengo un trabajo fabuloso, con unos compañeros estupendos. Y vivo en un apartamento enorme con una esposa maravillosa, con la que me siento totalmente satisfecho, y con la que estoy criando a nuestras hijas, con un vecindario acogedor. Los precios son bajísimos y puedes comprar toda la comida y la bebida que quieras. Los mercados están tan bien abastecidos que, curiosamente, lo único que no he podido conseguir es tinta roja."
