Opiniones

Gonzalo Villa

¿Quién puso más?

Un hombre, a la sazón, soltero, y con evidentes signos de acumular desencuentros con mujeres, relata con entusiasmo el episodio en el que una mujer voluptuosa, corre desnuda el perímetro del Nou Camp. Y a continuación afirma: -Si llego yo a estar allí, salgo a carrera tras “della”- Y se hace el silencio.

Y uno de los que está con él, no sin apreciar el vacío, le pregunta -¿Y qué hubieras hecho cuando la cogieras?

Se quedó petrificado. La mirada perdida en el infinito. El precipicio del no saber. Nunca había llegado a ese punto, nunca jamás en su vida. Después de diez días, se enfadó. Y después de diez años, tuvo un hijo, al que llamó Bartolo.

Es habitual oír afirmar que si dos personas no se aguantan, mejor es que se separen, o algo parecido. Que hoy en día la gente no se aguanta tanto como antes. Y lo que cabría decir, es que lo que no saben es agradarse. Nunca han llegado a ese punto, en la cadena de palabras que vienen a sus bocas, y que por ende, anticipan conductas futuras.

Del mismo modo, una mujer se afana en llegar al matrimonio, con todo un argumentario en el que proliferan palabras como amor, compromiso, compartir, ayudarse, hasta frases como, no te preocupes, que te voy a dar buena vida, y similares, todas huecas como un huevo podrido. La misma que viuda, no quiere oír hablar de casorio, por aquello de que se pierde la pensión.

Al fin, cada persona es rehén de su vocabulario, de sus experiencias, y de sus costumbres locales, cuando no se aventura a ir un poco más allá, cada día, cada poco. Que no digo yo, que haya que ser descubridores, que ahí tienes a los extremeños, como Núñez de Balboa, cuyo único empeño era llenar las américas de granjas de gorrinos, y que tienen su tierra, llena de eminencias en las que se ve claramente una evolución incontestable. En fin. Siguen descubriendo, a su manera. En la estrechez de miras, y a la chita callando.

Claramente se necesitaban más demandas judiciales, para estabilizar las plantillas de los juzgados, y colectivos afines. Y hasta se especuló con que la colocación de nuevas viviendas, encontrara compradores en los divorciados. Y vieron que tenían una clientela infalible, para ese fin. Y ahí la tienes. Nunca falla, por desgracia, para la gente de buena voluntad.

Y cuando en un colectivo, del que muchos hacen patria común, se dan casos detestables de parasitismo y delincuencia, cabe posicionarse aplaudiendo la injusticia, que trae beneficios aparentes para la comunidad, pero que arrieritos somos, y donde las dan las toman. O erradicar tales prácticas, para ser acreedores de la confianza, que solo se deposita en quienes muestran signos inequívocos de cooperación y ausencia de vagancia y tropelía, y que sin duda construye un futuro mejor, sin vencedores ni vencidos, sin víctimas ni verdugos, que inviten a la compensación, con iguales artes.

Las hayas no dan peras. Ni los olmos.

¿Quién puso más? Hagan la vida agradable. Den buena vida. Y no piensen que se están aguantando.

 

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