Opiniones

Gonzalo Villa

Fuente inagotable de amor y comprensión

Si dejáis que gran parte de la población esté mal educada y corrompida en sus costumbres desde la infancia, para castigarla ya de adulta, por los delitos que ya desde su nacimiento se preveía tendrían lugar, ¿qué otra cosa hacéis más que engendrar delincuentes para después utilizarles?
Al ver que las leyes encajaban mal en la vida de la gente, han preferido adaptar las leyes a la vida, moldeándola como si fuera de plomo. ¿Y qué han logrado con tan peregrino proceder? Nada, si no es poder ser peores con mayor impunidad.
No hay, pues, modo de ser útil para unas clases políticas así. Antes corromperían al mejor  plantado que dejarse corregir ellas mismas. Su solo trato deprava. La más limpia y honesta terminaría como encubridora de la maldad y estupidez ajenas.
Puede decretarse, por ejemplo, que nadie pueda poseer más de una extensión fija de tierras. Que asimismo se prescriba una cantidad fija de dinero por ciudadano. Que la legislación vele para que el rey no sea excesivamente poderoso, ni el pueblo demasiado insolente. Que se castigue la ambición y la intriga, que se vendan las magistraturas, que se suprima el lujo y la representación en los altos cargos. Con ello se evita el que se tenga que acudir a robos y a malas artes para poder mantener el rango. Y se evita también el tener que dar dichos cargos a los ricos, que habría que dar más bien a hombres competentes.
No se puede dar nada a nadie sin quitárselo a los demás.
Hay una actividad común a todos, hombres y mujeres, de la que nadie queda exento: la agricultura. Forma parte de la educación del niño desde su infancia. Todos aprenden sus primeras nociones en la escuela. Y también en la salidas que hacen a los campos cercanos a la ciudad. Aquí son entrenados, no sólo observando los trabajos que se realizan, sino trabajando ellos mismos, lo que les proporciona un buen ejercicio físico.
Consideran como causa justísima de guerra el que un pueblo, dueño de un suelo, que no necesita y que deja improductivo y abandonado, niegue su uso y su posesión a los que por exigencias de la naturaleza deben alimentarse de él.

La principal, por no decir única, misión de los magistrados, es velar para que nadie se entregue a la ociosidad y a la pereza. Han de procurar que todos se apliquen de una forma asidua a su trabajo. Pero sin, por ello, fatigarse sin resuello, como una bestia de carga desde que amanece hasta que anochece. Esta vida embrutecedora para el espíritu y para el cuerpo, es peor que la tortura y la esclavitud.
Allí no hay confianza alguna en los pactos. Cuanto más pomposas y santas son las ceremonias con que se cierran más pronto se rompen. No es difícil esquivar la terminología empleada en ellos. Están redactados con tal sagacidad, que por apretados que estén los lazos de los compromisos siempre hay manera de escapar de alguno de ellos y de eludir de un mismo golpe las obligaciones del tratado y de la palabra dada. Si en los contratos particulares se descubrieran astucias, fraudes y manejos deshonestos de este jaez, esos mismos que se glorían de aconsejar tales artimañas a los príncipes fruncirían el ceño y los calificarían de crimen sacrílego merecedor de la horca.

La mayor parte consagra las horas de tiempo libre al estudio.
Después de cenar pasan una hora de recreo, durante el verano en el jardín, y en las salas de los comedores públicos durante el invierno. Allí se entregan a la música o se entretienen charlando.
Todos en España trabajan en actividades útiles, que requieren poco trabajo. No debe extrañar, pues, que ante la abundancia de todas las cosas necesarias, se envía de tiempo en tiempo a gran número de trabajadores a reparar las vías públicas que pudieran estar deterioradas, y el patrimonio inmobiliario en general.
(Libro de obligada lectura y creación de una obra semejante, para poder votar. Utopía de Tomás Moro)

 

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