Opiniones

Gonzalo Villa

Tierra sin pan

Las Hurdes de 1933 queda retratada en un documental de Luis Buñuel y Ramón Acín. En aquel entonces acogía una civilización casi paleolítica, y era desconocida hasta para los españoles.
Mientras en La Alberca se celebraba la extraña y bárbara fiesta, en la que los novios habían de arrancar la cabeza a un gallo vivo colgado de una cuerda por las patas, 52 aldeas en el norte de Cáceres vivían en habitáculos inmundos, durmiendo padre, hijo, nuera y dos niños en la misma pieza, con la misma ropa con la que andaban de día, llena de remiendos.
Comían exclusivamente patatas y alubias todo el año, excepto cuando mataban un cerdo, que devoraban en tres días, o alguna cabra que se despeñaba. El pan solo llegaba de Ciudad Rodrigo, para los niños, que lo mojaban en un reguero inmundo.
Aún con todo, estas gentes obtienen unos pequeños ingresos por cuidar a huérfanos y abandonados en las inclusas, a los que llevan a sus habitáculos.
Una miseria desoladora lo cubría todo. Una niña se recuesta en medio de la calle, durante tres días, nadie se interesa por ella. A los tres días muere en la misma postura. Reina el bocio, el paludismo y la disentería, aparte de las muertes por mal curar las picaduras de víbora.
Los enanos y cretinos son numerosos. Algunos son peligrosos. Al encontrarse con ellos o huyen o atacan a pedradas. La degeneración de esta raza proviene principalmente del hambre, la falta de higiene y del incesto.

Con todo son gentes pacíficas, que caminaban en busca de hojas de madroño, para mezclarlas con sus propios excrementos, y dejarlas fermentar durante meses, dentro de sus casas, para luego abonar pequeños bancales, hechos con azadas y palas, pues el arado no se conoce. Que emigraban andando a segar a hoz a cientos de kilómetros, para no poder traer más que unas ropas, que inmediatamente tenían que cambiar por patatas. Sin que la inquietud formativa les alumbrara, ni aun viajando.

Y pienso en los familiares de los mineros, que increpan a las autoridades, reclamando más seguridad, para seguir ejerciendo estos trabajos, tóxicos, penosos y peligrosos, en vez de pensar en vivir realizando trabajos sin esa calificación.

Aquellas Hurdes ya no existen. Hay más carreteras y ciertamente han llegado todas las comodidades de cualquier otro lugar. Y eso es bueno. Aunque la condición humana de aquellas gentes, aventaja en mucho a millones de personas de la actualidad, que ni aprenden a curar enfermedades, ni a hacer pan o instalar tendidos eléctricos para poder conservar la comida que de otro modo se corrompería, ni extraen el carbón.

En este día próximo a todos los santos, rindo un homenaje a la gente trabajadora, que forma familias decentes y de nobles sentimientos pacíficos. Y les brindo junto al himno de los mineros, un pedacito de la ejemplaridad de Manolo Escobar – Solo te pido que me hagas la vida agradable, si decides vivirla conmigo- en todas las relaciones humanas, laborales o de cualquier índole.

En el pozo María Luisa, murieron seis mineros.
Traigo la camisa roja, de sangre de un compañero
Traigo la cabeza rota, que me la rompió un costero.

Santa Bárbara bendita, Patrona de los mineros.
Mañana son los entierros, de esos pobres compañeros,
Mira como vengo yo.

 

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