Opiniones

Gonzalo Villa

Ampliar horizontes

Separa y vencerás. Esta es la gran lección para todo estratega militar invasor. Claro que sería ridículo que alguien se entregue a separarse, a sabiendas de que terceros serán los que se lleven lo que se cuenta, mide y pesa, mientras los compatriotas se enzarzan en disputas, los consiguientes abusos y oportunismos, y las naturales venganzas, y así sucesivamente.

Ya sabemos en lo que terminaron los reinos de Taifas, de los que nunca más se ha sabido desde que dieron lugar a la aparición de la unidad que hace la fuerza.

Claro que cuando se identifica el vocabulario político, no va más allá de la captación de voto, y que los votantes, son muy de exigir y poco de corresponsabilizarse asumiendo obligaciones abnegadas, que después son fuente de felicidad, dada su inexistente visión de conjunto, de todo el conjunto del que forman parte, aunque a veces se afirmen, a su pesar.

Falacia es toda frase de quien responde a qué idiomas habla, con: uno al menos, cuando habla una parte insignificante. Y se sabe que es insignificante cuando lo que hablan, lo hacen personas presas de la ira, la irritación y el afán destructivo, sin aportar construcción mejor a lo que derriban.

Es sabido que la ignorancia es la madre de todos los males, y de todos los males irreparables, que no dejan advertir a las nuevas generaciones, que sería de ellas, de haber crecido con un vocabulario más rico y completo, al menos para librarse de la pereza y la ira, y por tanto ofrecer una evolución con la que aportar al proyecto común, única forma de acrecentar el bienestar individual.

Para reconocer que la Tierra no era plana, tuvieron que salir fuera de los horizontes hasta donde alcanzaban los sentidos, que procuraban los elementos de juicio y conclusiones interpretativas. Tuvieron que salir fuera de la Tierra.

Para librarse de las pestes que se convirtieron en pandemias, hubo que entregarse a la investigación, la innovación y el desarrollo más allá de los resultados científicos conocidos, para encontrarse, muchas veces lejos de las planificaciones en vacío, con verdaderos hallazgos imprevistos, pero reconocibles, que han creado personas con vidas, que hasta entonces no existían. Y eran buenas.

Es imposible optimizar la relación entre el trabajo necesario y la producción sostenible, con su distribución, redistribución e intercambio, con personas empeñadas en suspirar por autarquías y endogamias, a causa de la falta de la esencial inquietud y preparación para ofrecer su esfuerzo, dedicación y aportación a unos proyectos comunes, que generen esa variedad de consumibles, imposible de lograr de forma autónoma.

Y del mismo modo que el "know-how" ha de ser real y permitir producir consumibles, lejos de interpretaciones de vocabularios que no se concretan en instrucciones fabriles, así la carencia de vocabulario, y la ley del silencio, no debe adueñarse de quienes han de procurar el suficiente entendimiento y capacidad de aportar excedente, para que la pereza y la ira, no describan personalidades.

Hay que regenerar la vida democrática, y eso pasa por crear los cauces para que el vocabulario de todos exceda de aquellos otros que construyen personas dañinas y perjudiciales. Y es posible, basta con que se vincule de forma clara a una vida digna, de modo que la desconexión entre esfuerzo de largos años, y futuro existencial, no sea posible.

La gente que comete abusos, fueron criaturas inocentes algún tiempo, como lo fueron los que no los cometen. Investigar y determinar las claves de estas diferencias para erradicarlas, es un proyecto más valioso para la posteridad, que descifrar el código genético, por poner un ejemplo. Y es el único modo de que las personas, construyan los quehaceres mejores, que quien los ocupe no ha de faltar.

La crisis puede enseñar a evitarla, como las guerras enseñan a no desearlas, si se perdió mucho en ellas. Pero hay que contar con el conocimiento, mucho de él encerrado en el vocabulario con el que construirlo, para que la pereza y la ira no sea la causa de todos los males.

Palabras que podría haber dicho yo mismo:

Celebrar lo que nos une a todos, aquello que compartimos, aquello que tenemos en común.

El separatismo es lo más contrario que hay a acercarnos y que sumemos los unos con los otros.

Tuvimos que soportar una batalla diaria contra quienes nos empujaban para que pidiéramos el divorcio.

Se trataba de sacar adelante a España entera y además de no dejar a nadie a la espalda, de no abandonar a ningún español y menos a los que más han demostrado méritos, a los que les habían tocado las peores cortas, a quienes peor lo estaban pasando.

Si en tres años hemos logrado, entre todos, superar lo más difícil, que era detener la canallería, dar la vuelta a la desintegración, recuperar el brío y comenzar a caminar, ¿qué puede impedirnos, si perseveramos, acelerar el ritmo, recuperar todo el empleo, olvidarnos de lo malo que hemos pasado, y dedicar toda nuestra atención al porvenir?

Hoy pretenden cambiar nuestros hechos por sus discordias. Regresa la música de las aprovechadas, las mismas viejas palabras de antes, tan vacías como las manos de quienes las pregonan, tan huecas como sus promesas, porque nada han hecho, ni consta que lo sepan hacer, al menos, que sepamos. Ahora dicen que tienen ideas. Repartir a quienes no tienen la menor intención de ofrecer contraprestación.

Devuelvan a las hijas e hijos a sus padres.

 

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