Opiniones

Gonzalo Villa

Obsesiva cerrazón Recogí un gorrión caído del nido. A mi hermana y a mi nos dio mucha alegría. También la abuela se enterneció. Lo alimentábamos. Lo hacíamos dormir en un nido de tela, y lo llevábamos a tomar el aire.

En uno de esos paseos lo enganchó un gato, que apareció de repente de debajo de un camión. Nos pusimos a perseguirlo, hasta que el gato lo soltó herido y ensangrentado, pero aún vivo.

El pajarillo vivió algunos días más, casi para no defraudar nuestro amor. Una tarde, el gorrión vino a buscar refugio en el hueco de mi mano. Fue su despedida. Al día siguiente lo encontramos tendido de costado, con un hilo de baba saliéndolo del pico, los ojos cerrados, las patitas recogidas. Los animales afrontaban la muerte tranquilos, con dignidad. Sus ojos ámbar, claves arcanas de una vida insondable, sabían acoger el misterio sin rebelión.

Lo enterramos en una caja de zapatos con un poco de comida.

(Verde agua, Marisa Madieri)

Si las entrañables guardianas del pajarillo, hubieran tenido unas nociones de los peligros que pueden acechar en los paseos. Si lo hubieran preparado para libertarlo. Si esta muerte mezclada con amor fuera la última. Si dejara de haber guardianas que mantienen presas a criaturas indefensas, que hacía mucho que tenían que haberlas picado en las manos, para alcanzar la libertad. Si dejaran de atribuirse competencias quienes no tienen capacidad para desarrollarlas. Si aprendiéramos o nos enseñaran a no dar curso a las pasiones naturales, arrojándolas a los abismos de las aberraciones abyectas. Si hubiera tantos héroes y heroínas, que no destruyeran nada para erigirse como tales.

Decía la amante de un divorciado, a la sazón colocada en un ministerio, para realizar alguna tarea contraproducente- mi pareja me dijo,” lo que tienes que tomar en consideración es si estás mejor conmigo que sin mi”- Y ella estaba mejor con él, que la proveía de lo que debía otorgarse en con otra transparencia. Y así ella estaba convencida de que las disputas y desavenencias entre hombres y mujeres,  entre unos y otros, extrapolándolo, no se acabarían nunca. Daba cursos para sensibilizar en contra de la violencia de género.

Amor, relaciones afectivas y tragedia. Otra vez más. Amor patrio secesionista, que digo. Dos personas que se buscan para disfrutarse y una tercera que por amor, dice, instala la discordia, a donde volvemos a parar. Y la ignorancia y la falta de hábitos de estudio, siempre presente. Y la insolidaridad, la irresponsabilidad y la falta de contraprestación, en la raíz del problema.

Ni se supieron abstener, ni las recusaron, cuando su intervención era causante de males irreparables.

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