Opiniones

Gonzalo Villa

El cielo ha vuelto

Unos secuestradores raptan a dos niños de 1 y 3 años. Piden un rescate  a su padre, si quiere recuperarles. El padre accede a la extorsión, a espaldas de la justicia,  ya que le incriminaría al ser un delito acceder a pagar rescates, aparte de que supondría financiar a delincuentes que no tardarán en reincidir en sus conductas. Recupera a sus hijos, y puede reemprender su vida con ellos.

Una esposa secuestra a los hijos de su padre. Pide el divorcio, si quiere volver a verles. El padre ha de soportar la extorsión, que no se limita al pago de un rescate, sino que supone un saqueo a perpetuidad, ya que la justicia ampara esta acción, aunque supone financiar a la ex esposa y los delincuentes que se sumarán al maltrato, que no tardarán en reincidir en sus conductas. No recupera a sus hijos, ni puede reemprender su vida con ellos.

Un atracador asalta a un hombre, le pide lo que tenga o acabará con su vida. Si le pillan, acabará ajusticiado. Una esposa asesinará a su marido, y se quedará con todo lo que tiene. Y se regodeará en la injusticia y el abuso cometido, con total impunidad.

Unas monjas proceden a robar hijos, entregándolos a familias en las que se desarrollan armoniosamente, gracias a una atención mejor formada, luego buscarán a sus padres biológicos con ternura y cariño.

Una esposa roba los hijos a su padre y toda su familia mejor formada, para imponerles carencias, maltrato, mala educación y mala crianza. Luego renegarán de su padre, afirmando que no quieren saber nada de él, salvo sacarle todo el dinero que puedan, heredando si es preciso.

Dicen las feministas de escasa formación y poca capacidad de tenerla, que pasar de la violencia doméstica, a la violencia de género y a la violencia sin paliativos, es un logro de la justicia.

Lo que no incluyen en su discurso en pos de la igualdad, es que el robo de hijos, no tenga atenuantes en que quienes impidan la convivencia con su padre, sean mujeres, con el atributo artificial de madres, con capacidad de ignorar la paternidad.

El buen hijo

Es aquel a quien las maestras libran de su madre castrante y alienante, para que pueda querer a su padre expulsado de su vida, mediante prácticas violentas por parte de gentes subdesarrolladas, feas, sin escrúpulos, miserables, rencorosas, viles y taimadas, como Fernando VII.

¿Hasta cuándo van a continuar estas prácticas secuestradoras y separatistas, que pretenden convencer al hijo de que tras la separación de su padre estará mejor, y que no le dejan más salida que acabar con la separatista?

¿Hasta cuándo van las madres a seguir anulando a sus hijos, y utilizándoles como rehenes, hasta el punto de asesinarles por dinero?

Un millón de puestos de trabajo se perderán en la Cataluña separada, y cuatro millones de personas se verán abocados a trastornos severos de la personalidad, pero no hay vuelta atrás, no hay cabeza para más, en esta parte del planeta.

 

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