Opiniones

Gonzalo Villa

Abencerrajes

Sa'd, el vigésimo rey de Granada, padre de Muley Hacén y El Zagal, vio sorprendido cómo crecía el poder de sus fieles guerreros, los Abencerrajes, que eran apoyados por la misma población. Dado que Muley ejercía de monarca más que su propio padre Sa'd, decidió reunir a los caudillos Abencerrajes y comunicarles que Sa'd había decidido abdicar.

Así las cosas, los jefes principales del clan de los Abencerrajes fueron llamados a palacio y todos ellos ascendieron la colina de la Alhambra. A las puertas fueron recibidos con amabilidad y rostros risueños por Muley Hacén y El Zagal.

Una vez en el Patio de los Leones les hicieron pasar a una sala donde los iban amarrando de pies y manos, les tendían sobre las losas de mármol y les metían toallas en la boca para que no gritaran.
Luego los arrastraron hasta la taza de mármol que se encuentra en el centro de la sala y allí les injuriaron, les aplicaron los más refinados tormentos y al final los degollaron uno a uno. La sangre de los Abencerrajes salpicó los techos y paredes de este espacio de las estancias alhambreñas.
Abu Said, El Bermejo, décimo rey nazarí, alcanzó el trono con las manos manchadas de sangre al asesinar con ensañamiento a Ismail II, que en aquel momento, se encontraba en empeños sexuales en el harén, en el palacio de Alixares.

Fue alertado y se atrincheró junto a sus fieles. Salió a la desesperada y la batalla duró un suspiro. Ismail II pasó un auténtico calvario a cargo de la muchedumbre. Lo despedazaron en las calles de Granada. La cabeza se la presentaron a los conjurados como un trofeo de guerra.

Podríamos pensar que los Abencerrajes fueron unas víctimas, pero participaron en diversas revueltas socio-políticas y contribuyeron a desencadenar la guerra civil que debilitó y condujo al fin al reino nazarí.

Vamos, que eran todos parecidos, y ellos solos tuvieron lo que se merecían. Y es lo que va a pasar con los políticos de la casta, que se hacen pasando por el rito iniciático de la indolencia con las penurias del pueblo, y la criminalización propia en reserva que disuada de la traición al clan o desencadene la guerra.

Y la desafección con los comportamientos aberrantes, hace que se vean apoyados, y seguir el curso de la historia de los abencerrajes, y sus semejantes.

Ya no hay tipos como Abindarráez, Rodrigo de Narváez ni la bella Jarifa. Y sí mujeres que acceden a un cierto bienestar, que va desde el lujo de clase media alta, por darle un hijo a un ricachón que se permite divorciarse, a sacarle el sueldo a un obrero (al que ha divorciado una cansina sin repertorio), para mantener a dos criaturas a las que dejó sin progenitor (y al que no pudo sacar el dinero, porque no le había, ni empleo del que arrancar), a cambio de placeres carnales, y sin exigencias.

Paternidad, ni para uno ni para otro, y educación, tampoco para los niños ni para ella. Y espera, que le tiene amenazado con ofrecerse a quien ponga sueldo, si el páter noster lo pierde, con lo que las llamadas al palacio del amor, se parecen más a las invitaciones de Muley Hacén, o los empeños sexuales de Ismail II, que le llevarán a ponerse como loco y perder la cabeza, mientras la moza recorre las calles sin miedo a nada, al contrario, como esos que atracan los bancos con un teléfono móvil.

Ahora, cuando llega la menopausia, ese es otro cantar. Y cuando el que ni es progenitor, ni se ha casado, se cansa de vivir en un sin vivir, y paga con la misma moneda, eso supera a la melodía del sueño de una noche de verano de Mendelssohn, silbada por El Zagal.

Han salido unas plazas de verdugas convocadas por el ministerio de justicia, para desgraciar a todo bicho viviente. No veas la cantidad de solicitudes que se han presentado. Feas y amargadas a porrillo, entre otras subespecies que cuando ven un beso en la tele, la apagan y refunfuñan.

Pero yo me voy a presentar a soldado de los reyes católicos, porque creo firmemente que la historia se va a repetir, y quiero ser parte de la solución y no del problema.

 

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