
No tengo fuerzas para rendirme Si tan segura tuviera la gloria, como que se está acostando con esa guarra, que podría ser su madre.
Trini.- Cuando traigas dinero a casa, así irán las cosas (buenas viandas)
Paco.- ¿Y si no trabajo?
Trini.- Entonces trabajaré yo. Aunque no hará falta, porque ya lo tengo todo pensado. Con lo que tengo ahorrado, pondremos un negocio. Si lo llevo yo, una mercería. Si no, un bar o un colmado.
Trini.- Quiero hacerte feliz y serlo yo también. Aunque solo sean estos pocos días.
Señora.- En la vida pasan estas cosas y a quien le toca le toca.
Trini.- Yo solo te quiero a ti, la única persona que tengo en este mundo. Y ahora descubro que a la persona que más quiero, sólo busca mi ruina. No quiero volver a verte. Estoy muy cansada.
(De la película amantes, de Vicente Aranda)
No tengo fuerzas para rendirme, es la respuesta de un español que se rebela ante el catastrofismo que pretenden instalar generadores de impresiones dañinos. Bueno, ha ganado Obama de nuevo las elecciones. Tanto él como Romney se han despachado agusto con los españoles, y yo me digo, será cosa mía, pero luego me doy cuenta de que a todo el mundo le ha dado ese escalofrío. Pero aparte del estremecimiento ante quien no nos regala la oreja, pienso que tal vez se pueda sacar algo bueno de ello, lo primero mirarme al espejo, y ver esas pequeñas y grandes imperfecciones, en vez de abandonarme a impulsos primitivos de puro rechazo, como eso de “pues tú más”, para, con humildad y disposición favorable, aspirar a no aparecer nunca más en las campañas de los Estados Unidos, no sea que esa primera potencia tenga algo de razón, que es muy probable, y lo que procede es actualizarse, reformarse y ver más allá, sobre todo cuando más allá está el progreso, los avances científicos, y me temo la evolución.
Por otra parte, mientras la que pierda sea la Trini, y los que perduren, el Paco y la guarra, no queda otra que sacar la pandereta y unirse a la comitiva cantando algo así como “los marcianos han venío, y nadie sabe como ha sío”
