
Pequeño saltamontes
Cuando esperaba oír nuevas de tus descuidos e impertinencias, Sancho amigo, las oí de tus discreciones, de que di por ello gracias particulares al cielo, el cual del estiércol sabe levantar a los pobres, y de los tontos hacer dignidades.
“Para ganar la voluntad del pueblo que gobiernas, entre otras, has de hacer dos cosas: la una, ser bien criado de todos […] y la otra procurar la abundancia de los mantenimientos, que no hay otra cosa que más fatigue el corazón de los pobres que el hambre y la carestía […] Visita las cárceles, las carnicerías y las plazas […]
No hagas muchas leyes; y las que hicieres procura que sean buenas, y sobre todo que se guarden y cumplan, que las leyes que atemorizan y no se ejecutan, vienen a ser como la viga, rey de las ranas: que al principio las espantó, y con el tiempo la menospreciaron y se subieron sobre ella.
Sé padre de las virtudes y padrastro de los vicios. No seas siempre riguroso, ni siempre blando, y escoge el medio entre estos dos extremos. No te muestres codicioso, mujeriego ni glotón; porque en sabiendo el pueblo y los que te tratan tu inclinación determinada, por allí te darán batería, hasta derribarte en el profundo de la perdición. […]
Muéstrate agradecido, que la ingratitud es hija de la soberbia y uno de los mayores pecados que se sabe”.
(Extracto de la Carta de Don Quijote a Sancho Panza, Gobernador de la Ínsula Barataria).
Estas palabras has sido parte del pregón de fiestas de Teresa Lardero Parral, glosando la figura de Javier Lambán, ante su decisión de volcar su esfuerzo político en la candidatura al Gobierno de Aragón.
Y recuerdo uno de aquellos episodios de Kung Fu, en los que el aprendiz preguntaba – Maestro, ¿cómo podemos distinguir a una persona extraviada de una sabia?
Las personas extraviadas son rehenes de sus desconocimientos y cada vez con más insistencia, buscan a quien extraviar, incapaces de sumarse a las sabias. Por el contrario éstas, gozan con quienes les aventajan en saber y disfrutan compartiendo sus logros con quienes muestran avidez por superarse. Dijo el Maestro.
- ¿Entonces todas las personas extraviadas son malvadas? Continuó el alumno.
- No, pequeño saltamontes, pero en el momento que se repiten constantemente que no les gusta estudiar, o que tienen la escuela de la calle, o cosas así, o utilizan a este tipo de gentes, en vez de erradicarlas, estate seguro de que más pronto que tarde caerán en la tentación de hacer la primera canallada, y de ahí en adelante la perdición va creciendo en progresión geométrica. Dijo el venerable Shaolín.
Existe un verdadero parecido entre Javier Lambán y Alfredo Pérez Rubalcaba, su inteligencia, su disciplina, la profundidad de su pensamiento político, una vasta cultura que aporta brillantez a su discurso, su honradez, su capacidad para coordinar equipos y aunar voluntades, su pasión política, entre otras cualidades. Pero a Lambán le falta la gran cualidad del maestro del kung fu, la de poner toda su sabiduría al servicio de un pequeño saltamontes, que tenga lo que ellos no podrán conseguir, y que pueda ganar la simpatía del votante indeciso y desconocido, que es quién tiene la llave que abre la puerta para ejecutar políticas, gobernando.
