Opiniones

Gonzalo Villa

Enero

Nada bueno auguraba la apropiación indebida, el abuso de la posición dominante, la administración desleal y la administración fraudulenta.

Esto me recuerda el termino alparcear, eso de meterse en las vidas ajenas, para enterarse de sus miserias, debilidades, y puntos vulnerables, de sus historias personales, y tras saberlas, contarlas y divulgarlas, con el vil propósito de perjudicar y exponer al escarnio y el  desprestigio.

Y ese otro de marrullería y trapacería, que vienen a mostrar la pretensión de engañar con astucia, falsedad y halagos.
Empleados que tienen que aprovecharse de la ignorancia ajena para estafar, bajo amenaza de despido o degradación.

Convirtiendo el progresista sistema financiero, en un corro de trileros, dispuestos al timo de la estampita, sobre quienes no tenían, ni la codicia engaña bobos.

Vuelven las bocas, que si se muerden la lengua se envenenan, los diálogos recalcitrantes plagados de rechinar de dientes, acidez, ironía, tragedia y mucho humor negro.

Víctimas y Judas que se enfrentan con su pasado y su presente, entre secretos y verdades a medias.

Periódicamente se producen rebaños de ahorros. Cuando no son los sellos, son los avestruces, los fondos de inversión, ese chollo que termina convirtiéndose en un pozo sin fondo, que invita a guardar los billetes bajo suelos de hormigón, para que la fábrica de moneda y timbre, cambie los formatos, de modo que de nada sirva cavar.

Van a pasar décadas hasta que el cliente bancario, no vea en su gestor esa mirada fija, con un hilillo de baba en las comisuras de la boca, propia de un vampiro, al que desear clavar la estaca en el corazón, antes de que se te eche al cuello y te regale la inmortalidad, a cambio de chupar la sangre al que se descuide.

Y sin duda, mentes preclaras, sacarán tajada de la situación creada, y no digo yo que de este modo, lleguen a gastar ese dinero que roban, y se cumpla esa máxima popular que dice que si se mueve el dinero, la economía va bien, se crea empleo, y se deja de pensar en la competitividad asfixiante, para consumirse en la faena, y no tener tiempo para preocuparse de los demás, de si trabajan o cobran más o menos que ellos.

En este día por la paz y la no violencia, haya paz, así en la Tierra, como en el Cielo, cada cual en su sitio, y Dios en el de todos. ¡Válgame el señor!

 

Compartir

Otros artículos de opinión

Image