
La cola del cometa
Estaba a punto de nacer Jesucristo, cuando la intersección de la eclíptica (supuesto recorrido del sol y los planetas visto desde la Tierra) con el plano que cortaría por el ecuador, dejaba Aries, para recorrer Piscis.
Así estaremos hasta el 2.590, momento en que pasaremos a la era de Acuario, que durará otros dos milenios y medio. La era de Acuario que cantaban los hippies, y que ninguno de ellos verá, a no ser que se vayan reencarnando.
La fe surgida de la astronomía, quien lo iba a sospechar. Y nuestra estrella polar, que marca el norte, única aparentemente inmóvil, viendo girar a todas las demás a su alrededor, para los egipcios de la antigüedad estaba bastante más a la izquierda, en la cola del dragón, y dentro de tres mil años, andará por el vértice de la casita de Cefeo. Para ellos y para todos, claro está.
Y el antagonismo impenitente entre astronomía y astrología, resulta que no es tal, y que todas las predicciones del horóscopo son fundadas en la observación del universo. Claro, que tales conclusiones se basan en estructuras lógicas compuestas mil años antes del nacimiento de Jesús, y dado que las referencias estelares han cambiado, la carta astral es una engañifa (aunque la pitonisa esté diciendo la verdad, en base a lo que ha estudiado) si es que no lo era antes.
Mira que gana fuerza la impresión de que el Salvador, no era más que una entelequia, un actor que aglutinaba el sentido común astronómico, cuando la constelación que se veía por la noche, por dónde había salido el sol, dejaba de ser el cordero que simbolizaba Aries, para pasar a ser los dos peces de Piscis, símbolo de la Iglesia Católica.
Hasta nuestro querido Quijote, encierra sorprendentes significados, desde el principio. En un lugar de la Mancha… ese “lugar” no significa, sitio geográfico puntual, sino que la palabra se refiere a un enclave mayor que la aldea, pero menor que la villa, ofreciendo la connotación de que el ilustre hidalgo, pertenecía a un entorno en el que se ya emergen vecinos con inquietudes que aventajan a la supervivencia entre depredadores en constante acecho y prontos a la reyerta y la tragedia, esa que culmina en elegir entre ellas o nosotras, en la sempiterna crónica de muertes anunciadas.
Hay mucho entre lo que escoger, y hacerlo no resulta baladí, pues se producen cambios significativos que atañen a millones de personas, por no decir a todos, bien sea en cada día, hasta en las centésimas que se cruza el destino de unos con el de otra.
Las soluciones a los problemas pueden encontrarse dónde no se suele poner atención, es una cuestión de cambiar el orden de los factores, introducir una modificación que rompe la estructura que dio lugar a la disfunción.
Por ejemplo cree la categoría de garantes del principio general de justa contraprestación que rija las relaciones personales, equiparándolas a las económicas, con funciones de supervisión de la continuidad en la comunicación paterno-filial, que impida la alienación y la retención como medio de extorsionar, en número similar al de secretarios de ayuntamiento, y adiós la salvación fingida del Instituto de la Mujer y no del Hombre, y similares, que nada más ha traído que abusos y tropelías. Como lo traen las guerras de religión. ¡Por amor de Dios, que son cavilaciones astronómicas o combinaciones de palabras al bies!
ANEXO
El encontronazo de la maderones y Julián, en paz descanse.
Venía Belarmina, en el coche de línea, alabando las bondades del infierno, donde entendía que iban a parar vividores, juerguistas, fornicadores, tragadores y toda suerte de personas de vida licenciosa. Pero como no tenía panoja, el cobrador la apeó en medio de las tierras de airones, mientras ella refunfuñaba maldiciones en base a tiranías, más que maduradas durante años. Y siguió andando por los caminos, hasta que echó el ojo a Julián, recostado a la sombra, mientras las ovejas pastaban en terreno prohibido, al que se puso ofrecida, convencida de que se vería “obligao”, apelando a la necesidad de la hombría. Y en no recibiendo respuesta satisfactoria, procedió a abrir la carnicería como Paquita la del barrio, pues quería ayudarle. Y cómo sería la tripada, que se descubrió que en vez de negro como un tizón estaba blanco como la porcelana. Y aunque nadie echó en falta el cordero lechal, el cordero pascual vio acrecentado su rebaño, desde la sima del piélago, que acogió el nutritivo alimento que terminó por llegar al estómago del CEO de Gas Natural.
