
El amor
Ya me imagino a Iñaki diciéndole a Cristina –Yo no te pido que me firmes, diez papeles grises para amar, sólo te pido que mi espacio llenes con tu luz. De lo pasado no lo voy a negar, el futuro algún día llegará y del presente, qué me importa la gente si es que siempre van a hablar. El mundo entre dos, diciendo a los problemas adiós.
Y ella no va a ser una esposa de esas que quiere disponer de la paga del marido, para llevar su casa y sus hijos (de ella).
Y mucho menos guardar las libretas, entendiendo que el hombre, es por naturaleza, despilfarrador y dado a la farra, cuando no un idiota al que los amigos o las amigas le sacan los cuartos, exaltando virtudes que no tiene, y llenando ese espacio, tan necesitado de cordialidad y reconocimiento, en el que ella no entra, por lo menos desde que sucumbió a la tentación de disponer sin contraprestación y amenazar con divorciarse y arrasar, si no se le complace en sus caprichos y devaneos.
De desagradecidas se está llenando el mundo sin educación de calidad.
Y ahora voy yo, y me lo creo, como diría Shrek.
Ay, el amor. Ya lo dice Monago, ese híbrido, no del todo conservador, que opera al descuido y que pesca a río revuelto, tan abundante en la zona -Nadie puede negar a nadie su derecho a ser madre. Ni tampoco nadie puede obligarle a nadie a serlo- para ganarse el voto de las enamoradas y enamorados, que tienden a extinguirse abortando, y a malquererse de manera frívola y sinsustancia, a la par que favoreciendo a todas las familias, entre otras las que como el presidente del Atlético de Madrid, o Bertín Osborne, se dignifican con sus seres queridos.
No hace falta recordar aquello de que primero vinieron por…, pero yo no hice nada, porque yo no era… del pastor Martin Niemoeller.
No quiero pensar en esas gentes que nacen sin amor en su hogar, que arruinan la vida de otras que si nacieron en ellos, y que terminan siendo graneros de votos, para políticas que aseguran vivir sin amor.
Te quiero mucho, aunque te suene a lo de siempre. Solo con la costumbre de decir esto, el amor entraría en construcción, saliendo de la recesión, y de la destrucción de empleo.
Y por la Infanta, no se preocupen, tiene hijos pequeños, de los que sería un crimen separarla.
