
Rumpelstiltskin
El enano saltarín es un consumado confeccionador de pactos ad hoc, a la medida de la situación que se le plantea.
La reforma constitucional siguiendo las instrucciones de la propia Constitución es imposible, sin el voto favorable del PP, salvo disensiones internas, a lo “Tamayazo” en 2003.
El presidente tiene la atribución de nombrar y separar a los ministros, y por derivación de todos los altos cargos de la administración.
Es curioso que todas las marañas sociopolíticas, puedan reducirse a una expresión tan simple, como que todo ciudadano solo puede ser liberal, si apoya con su voto la libre empresa, o social demócrata, si cree en la igualdad de oportunidades.
El poder judicial ha cumplido con su deber, y la corrupción infectada debe ser entregada a las llamas purificadoras. Luego ya se verá.
Se quemará a unos cuantos prevaricadores, malversadores de caudales públicos, traficantes de influencias, pero no se pondrá freno a los delitos que se están cometiendo en la administración. Otros colocados hallarán su imputación. Y también tendrán los dedos negros y las lenguas negras, del enriquecimiento ilícito.
Una vez más veremos que las negociaciones y teorías protegen a los tapados y llevan a guerras que no se pueden ganar, en el frente. El debate habrá concluido.
Tantas ideas en favor de la separación, instaladas en el ideario popular, van expandiéndose a todas la decisiones de millones de personas. Y tendrán que descubrir por sí mismos a quienes dividen y vencerán y a los que unidos hacen la fuerza. Un país de países. Pero no un quita de ahí para ponerme yo, sino una confluencia de discrepancias que se votan para luego convertirse en una unidad apoyando la opción con mayoría.
Otros vendrán que harán recordar que hubo un tiempo en el que los ciudadanos generaban el progreso, se ponían planes de modernización, se accedía a la ciencia y se construía incesantemente para que no faltara de nada, creando oportunidades, que siempre encontraban candidatos contentos y felices, en familias con costumbres que hacían del país una gran familia de familias, que se cuidan.
En estos tiempos recuerdo a Ismael Serrano, que dice así:
Ya quisiera yo ser librepensador,
no oír el rugir de tripas de tantos, ni su llanto, ni su dolor,
establecerme correcto, filósofo, neutral, independiente,
manejarme bien con toda la gente.
Ya me gustaría a mí alinearme con los no violentos,
regalar flores, descalzo, arrancadas de algún tiesto,
sin tener que poner la otra mejilla para nadie,
a no ser amenazado por ningún indeseable.
El caso es que me afectan las cotidianas tristezas,
la de los supermercados, la del metro y las aceras,
también las que me quedan lejos,
las de los secos desiertos, las de las verdes selvas.
El caso es que me parecen buena gente,
algunos luchadores del ocaso,
que se parten el pecho por ser escuchados,
que morirán en alguna esquina, tiroteados.
Quisiera ser más listo, pasar de largo,
saberme libre de culpa y limpio de pecado,
y ser alma caritativa, María Goretti o santa,
sufrir sólo un poquito, sólo lo que Dios manda.
No entender de política, ni de sus actualidades,
convencerme que es red de araña, nido de alacranes,
y mutilar mi alma y mi esencia de animal social,
saberme superior a tanta frivolidad.
El caso es que me afectan, quizás demasiado,
la tristeza de los suburbios, el drama urbano,
saber que seremos caníbales dentro de poco
y que no habrá carne suficiente para todos.
El caso es que me afecta, quizá más de lo normal,
tener tanto miedo al cruzar mi portal,
ver que arde mi ciudad o que sangra el asfalto.
Quizá debería ver menos el telediario.
Quisiera ser más listo, adoptar bien la pose,
librarme de etiquetas, hasta la de hombre,
y entender que sólo yo me entiendo
y que no me entiende nadie,
ser un buen ciudadano formal y respetable.
Omitir de mis canciones
palabras como: compañero, obrero,
justicia, guerrilla, paz, hambre o miedo,
y hablar del amor, de cosas bonitas, de mis recuerdos,
contar alguna anécdota graciosa
de cuando era quinceañero.
