
La sombra del ciprés es alargada
El debate sobre el estado de la nación, nos ha dejado la dialéctica de la zafiedad, como resultado de que estaba excluido de él, Podemos y Ciudadanos. Y es que hay obviedades que se veían descuidadas, para perjudicar a personas que pueden, y por ello deben gobernar, al fin estructurar la realidad, para que encuentren su hueco, los que sólo pueden encontrarlo por cuenta ajena, y se satisfagan las legítimas aspiraciones de los creadores.
Cuidado que está bien establecido esto de que: Las terroristas podrán acogerse a un plan de reinserción con los requisitos de firmar por escrito que renuncian a la banda terrorista de la que han formado parte y al uso de la violencia, pedir perdón a sus víctimas, colaborar con la justicia, y empezar a hacerse cargo de las responsabilidades civiles por los daños infligidos, y los perjuicios causados.
Por el hecho de haber roto con la banda criminal, estas presas del mal accederán a un programa de educación en valores, que se desarrollará en las aulas de los centros escolares, con el objetivo que reflexionen sobre el daño causado con su actividad terrorista y/o delictiva, y conozcan la realidad social en la que pueden vivir, distinta de en la que viven, y que les llevó a la criminalidad, para así poder integrarse de una forma más idónea a una sociedad democrática.
La puesta en marcha de estas medidas imprescindibles, pasa por empezar a desmitificar bondades en quienes no las tienen, cientos de miles de madres. Y que los padres, en efecto críen a sus hijas e hijos, y renuncien a parte o todo del empleo para esa función. Si ellas lo hacían, y estaban en la gloria, ellos lo pueden hacer, por supuesto, y mejor.
Y para que no se caigan en debates broncos, donde la confianza da asco, tan femeninos siempre, traslado esta carta de un padre a su hija:
Has de saber que quienes separan a las hijas del padre, lo hacen porque no saben querer, ni al padre, ni a las hijas, son personas malcriadas, sin apenas información, con muchos silencios y desatenciones, palabras repetidas hasta el hartazgo que solo asientan mala leche, groserías y descripciones inútiles de la cotidianidad: levántate, come, caga, limpia, estudia, pero sin la utilización de otras palabras que mejoren la atención, sin la utilización de miles de palabras, que tu padre te hubiera regalado pronunciándolas cuando estuvieras, escribiéndolas para que te las pudieras encontrar y leerlas, y buscarlas en los diccionarios y otros libros y compendios de saber hacer.
Ayer vi a un padre empujando un carrito con su hija que se hacía notar. Pero el padre no decía nada.
Ese era su gran error, no hablarle a su hija, no brindarle soliloquios aparentes, que fueran grabándose en la memoria de su hija de meses.
Ayer, dos minutos después, un padre estaba de pie, observando las evoluciones de su hija de entre un año y dos, recogiendo piedrecillas del suelo del parque, observando las hierbecillas, haciendo arqueología. Y no le decía nada, mientras la niña balbuceaba algunas palabras en ciernes. Ese era su gran error. Tenía que haber observado a alguna madre. Aunque fuera una cotorra soltando insulsas retahílas de madres, tratando de describir toscamente las acciones de la niña como –ay mi Noemí, como busca al gusanito que se esconde en el suelo, no le dejes escapar, que quiere que le cojas; mira un clavo, clavo, clavito, clavo, ¡pero que lista es mi niña, como se da cuenta de todo, y como habla ya!… Y si alguien se acerca que siga con: -es muy parlanchina, no calla, además es muy alegre, se fija en todo, cosa que llega a sus manos, cosa que mira con atención, como si fuera un geólogo, ha salido a su padre que es profesor, y analiza todo para procurar no hacer juicios de valor apresurados, le compramos el otro día un vestidito muy mono, en Desigual, con muchos colores y bordados, ella solita se lo puso, y no veas parecía una modelo de pasarela. Anda dile a este señor lo que aprendimos ayer…
Padres, que tenéis la oportunidad de estar con vuestras hijas, hablad, soltar por esa boca en dirección a la niña, habladle, contarle, describid, exclamad, piropead, alabad, sonreíd, mostrad ilusión, y si no tenéis soltura o repertorio, acompañaros de libritos infantiles, de revistas con algo de texto además de muchas imágenes, llevad cancioncillas infantiles, hacedlas sonar una y otra vez, esto es disponed de algún tipo de altavoz externo que pueda oír vuestra hija. Cantad vosotros las canciones, memorizad poemillas y deshaceros en declamaciones para ella. Fabricaros cositas con materiales para manualidades, haced marionetas con calcetines o con pequeñas prendas de cuando eras más chicas. Pasad por las bibliotecas públicas y tomad prestados libros para niñas y niños, mirarlos antes y preparad la intervención con vuestra nena. Y cuando os deis cuenta, seréis parte de su ser, y cada día desde que sois conscientes ya de ello, veréis que os enternecéis con ella, mientras ella os mira cada vez con más atención y arrobo. Y cada día será un regalo de felicidad.
Pero por Dios, habladles, divertidles, brindarles, actuar para ellas, no dejéis de emitir estímulos que ellas perciban y atesoren, hasta sin darse cuenta, y especialmente sin darse cuenta. Y que participen en actividades y experiencias. Viajad a menudo a sitios que son una buena influencia para ellas.
Y así se logrará la igualdad en puestos directivos y en todo, cuando no se pretenda mediante zafiedades, groserías. Hagamos hincapié, y sucederá sin darnos cuenta.
