Opiniones

Gonzalo Villa

Que no se repita

Relata en el arte de las putas, Nicolás Fernández de Moratín, que un desastrado varón, atrevióse a yacer con una muerta, y creyó que la había resucitado, con su prodigioso proceder sexual, pues a la vida la vio volver, con sus propios ojos. Y que el sueño de la razón, le llevó a concluir, que de haber sabido de su poder, habría alargado la vida de sus padres, más allá de cuando hacía tiempo la habían perdido. Él que les quería tanto. En realidad la muerta no era tal, sino que se había hecho pasar por cadáver, ya que ninguna viva había conseguido, favor alguno del interfecto, y ahí estaba el reto, y la apuesta.

Tal vez visitar Belchite, ayude a resucitar algo ancestral y recóndito, como es el placer de vivir, que en resumidas cuentas, es el mejor instinto, la mejor guía para proceder, de modo que el bien de cada cual, provenga de acciones en favor de la colectividad. Entre sus ruinas, ya apenas destacan las tres torres, para sugerirnos que las guerras, no dejan de ser aberraciones, como alargar la vida de los padres, creyéndose el inseminador universal. Ken Follet, coloca alguna de sus escenas, de su última trilogía sobre la historia reciente, en este pueblo viejo; por el que, por cierto, está terminantemente prohibido deambular, sin el acompañamiento de un guía, por aquello del peligro de derrumbes, cercado su perímetro con una fila de estacas de un metro de altas, y dos cables sin espinas.

Lo siento, me he equivocado, y no se volverá a repetir, le dice un miembro de la corte a Dorisa, la deleitadora, en su tumba, después de haberla propinado tal viaje.

Estamos trabajando en ello. Con esa entonación tejana. ¿Y estos magistrados y jueces que ponen en la picota a lo más granado del poder fáctico, a qué congregación pertenecerán? Y lo que es más ¿hacen la guerra, o todo es un montaje abominable, pero con resultados satisfactorios para los expuestos reos? Al fin, la Pantoja, no va a ir a la cárcel.

Con todo, el número de escolares está aumentando sensiblemente, lo que pone de manifiesto que la vida continúa, se abre paso. Y aunque el 80% de analfabetismo en la posguerra, y antes, condujo a la modernidad, la libertad, la democracia, y esas cosas, creo que no debería repetirse el conducir a la población a aquellas tasas, para que la evolución sea posible y satisfactoria. Y es que no es descabellado pensar que bajas tasas de analfabetismo, no garantizan mayor paz social, mientras que sí la había después de una guerra civil y con elevadas tasas de desescolarización. Además de que con ello llegó el progreso, ese que ahora se esfuma con tanta gente de opinión, pero pocas obras imperecederas.

Del mismo modo un hospital privado, estimule la actividad productiva de sus potenciales pacientes, para poder sufragar sus tratamientos futuros o presentes, además de que se puedan formar plantillas de sanitarios, al servicio del progreso, que pongan freno a empeños destructivos, por parte de quienes cuentan con tan frágil condición, como todos, expuesta a lo que no pueden autodiagnosticarse y sanarse sin intervención externa. De modo que vean en complacer a terceros, el modo de salvaguardar su propia existencia, en vez de hostigar y entregarse a la destrucción, por falta de habilidades y méritos para  contribuir.

La jota siempre cantó, la grandeza de una madre, pero se dejó en olvido, lo mucho que vale un padre.

¿Quién puso más, calor, ternura, comprensión?

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