Opiniones

Gonzalo Villa

¡Dios mío, qué regalo me da la vida!

Esto de separarse siempre es la reacción de quienes pretenden obtener sin contraprestación.
Se separan las mujeres de los hombres, de los que no pueden obtener sin contraprestación.
Se separan los que en Cataluña, pretenden obtener sin contraprestación, preferentemente los que pescan a río revuelto; que los peces no van a pescar, nunca.
Se separan los que pretenden violentamente arrebatar el poder al que lo ostenta, ignorantes de que la apropiación indebida, siempre está separada de la dignidad.
Y en la cohesión y los proyectos comunes se han encontrado todos los avances científicos y de toda índole, que benefician sino a todos, a muchísimos más sin perjudicar a quienes han logrado lo que tienen, haciendo lo que sabían. La mayoría con una intención constructiva.
Ya sabemos que una nación o una región logran mayor prosperidad en comparación con otras, cuando genera excedente para intercambiar por los excedentes de las otras.
Si alguien tuviera algo valioso que solo le sirviera a él, no lo fabricaría para ofrecérselo a otros. Luego el aprender a fabricar, siempre desemboca en intercambiar.
La explicación parcial que sirve para sucesos complejos, incita a lograrla más acorde a la realidad. La tierra parecería plana. El sol es el que se mueve. La masa de refugiados es inocente. No se puede reducir el paro, pero se puede acoger a decenas de miles de personas que no dudarían en expulsar a los moradores, si pudieran.
Las personas nacen y se hacen iguales y desiguales. Y es más fácil encontrar un igual en un grupo con el que no se trata, que en el grupo de trato individual, donde los roles se forman de manera natural.
Por eso el hábito hace al monje. Será un monje así o asao. Pero será un monje, no un ingeniero industrial con decenas de proyectos culminados con éxito.
Se habla de reunir al hombre zancadilleado con su familia. Regularizar su situación y la de toda su familia, en un país en el que robar hijos es el pan nuestro de cada día, en el que se alienta a denunciar para separar en vez de estudiar para conciliar.
Mientras es fácil aludir a la psicología inversa, eso de expresar algo, a sabiendas de que la reacción será ¡no!, lo contrario, algo distinto, es difícil encontrar a quienes teniendo puestos remunerados con fondos públicos, alienten a reunir a padres con sus esposas e hijos, y fácil quienes van separando y emprendiendo acciones conducentes a incomunicar, sobre todo cuando la comunicación trata de evitar conductas sátrapas, endemoniadas, malvadas.
Con todo, ¡Dios mío, qué regalo me da la vida! La oportunidad de elaborar un proyecto de ley orgánica, por la que los hijos e hijas habrán de recibir una cultura que alcance a la mayor de sus progenitores, estableciéndose la convivencia con quien la acredite.
¡Y otro regalo, que me hace pensar que no tendrán fin! Y es que se va a enseñar estructura económica y cooperación internacional desde primero de primaria. Antes de que la cerrazón solo procure pensar mal y acertar, y por supuesto, no poder más que aprovecharse de quien sepa construir y fabricar, e ir por ahí con pocas ganas de aprender a conocer, es decir, adquirir los instrumentos de la comprensión; aprender a hacer, para poder    influir    sobre el propio entorno; aprender a vivir juntos, para participar y cooperar con    los demás en todas las actividades humanas.
Mójese respecto al resultado electoral. Pues va a triunfar el separatismo. Lo que dejo en el aire es si es psicología inversa, o un deseo auténtico que consigue poner en éxodo a quienes no son víctimas, sino después de querer hacer víctimas a niñas y niños inocentes.

Compartir

Otros artículos de opinión

Image