
A por ellos
Resulta prometedor que los nuevos Reyes hayan elegido como primer acto fuera de la Zarzuela, la atención a las víctimas del terrorismo. Al poco la madre de la reina Leticia, se persona en el domicilio suizo de su hija Cristina y su yerno Iñaki, que al menos no han llegado al cese temporal de la convivencia, como su hermana; quien por cierto si estaba en la abdicación, con Froilán y no con Victoria Federica. Qué raro. Son tiempos convulsos.
Hay tres grupos religiosos en Iraq: Chií musulmán, suníes y kurdos, distribuidos geográficamente por su territorio. Las rivalidades entre ellos, favorece la injerencia de terceros, para pescar a río revuelto.
Divide y vencerás. La vieja máxima que no deja de funcionar. Y es que el cerebro parte de cero, y se va encontrando con un entorno en el que va haciendo acopio, sin que nada venga de serie para el ser humano del siglo XXI, que aventaje al del siglo I, por decir un tiempo muy lejano.
Es cuestión de pasar por ahí, por donde la riña de gatos, va a dejar oportunidades de recoger, el puñal, el revólver y los pesos y desaparecer de allá donde buscan los que vienen detrás.
Es curioso como nuestra actual reina, una divorciada sin hijos, es capaz de asentar la cabeza, y aparentemente no volver por los viejos fueros. Se me hace raro verla sustituyendo a la Reina Sofía, y no quisiera equivocarme, pero algo me recuerda que en estas cosas de palacio, siempre hay alguna víctima, que parece necesaria para que no se instalen las ansias separatistas, que hagan tambalearse los cimientos del Estado, movidas por descubrimientos sorprendentes que abren las puertas a terceros, de esos a los que solo se les ve en las ligas mayores, y que solo juegan con quienes alcanzan el grado de singulares.
Y no dejo de comprobar lo fácil que es corromper a quien no tiene el don del cariño verdadero, y que se presta a protagonizar saqueos, convencida de que el tiempo todo lo borrará, y las olas sempiternas que hacen desaparecer las huellas en las playas.
Recuerdo a Beto, un venerable viejo, que había sido atormentado por su mujer, que no medía más de uno cuarenta, y que después de largos años partiéndose el lomo, y no alcanzar más que para enganchar una rutina tras otra, se vio corriendo por las tierras de secano, con una cuerda de la que colgaban quince o veinte latas de conservas, cazuelas picadas y alguna cafetera esmaltada hallada en las ruinas de alguna casa abandonada, y profiriendo a voces -¿Dónde tienes el chorizo guardado? Hija del demonio, ¿Dónde tienes el chorizo guardado?, en dirección al monte, y descalzo, desollándose los pies con las piedras que nunca dejan de aflorar, para estropear la maquinaria que corta y recoge la paja, o la hierba, por mucho que se vaya a descantear un año tras otro.
Hoy es el día en que todo pa yermos, oye. Y los pueblos se quedan sin gente. Las tierras abandonadas. Y luego nos quejamos de que no tenemos votos para reclamar lo que la ciencia y la tecnología ha sido capaz de instalar en los cerebros de algunos de nuestros congéneres, y ponen en venta.
Decían hace más de treinta años, que los nuevos trabajadores habrían de ser capaces de asumir la movilidad funcional y geográfica. Nos engañaron. Ahora lo sé. Y que la multiculturalidad era el futuro. Mentira. Pues en la unidad está la fuerza, y la unidad no es posible sin el sentido común, y si no que se lo digan a todos los que riñen, como reñían sus tatarabuelas, sus abuelas y sus madres, y no ven la forma de parar. Va a ser cuestión de crear la asignatura de cómo ser un príncipe, para que por fin abunden las reinas confiables. Va a ser eso. O que la religión no marque rayas en el territorio, visibles desde los satélites. O nos veremos corriendo por las tierras, camino de la republica de tócame Roque.
